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domingo, 8 de septiembre de 2013

Mes favorites I


La elección es subjetiva, lo sé. Pero qué elección no lo es. Cuando después de los largos días de paseo me sentaba un momento en la cama de algún hostel (o con un poco más de suerte de algún hotel), a repasar el día en imágenes, estas por algún motivo me emocionaron o me robaron una sonrisa. Entonces, más allá del valor estético que seguramente les encuentro, hay un valor un poco más profundo. Son imágenes que no me canso de mirar, y sólo basta que aparezcan para que mi memoria reviva otro montón de imágenes, sensaciones y emociones. Hay y habrá muchas más fotografías seguramente, pero estas no podían quedar afuera de esta primera entrega.
Espero que las disfruten.




Firenze, Italia. Cuna de las bellas artes, y de la magnificencia de una época donde florecieron algunas de las personalidades más grandes de la historia. El Ponte Vecchio adorna un río que en cualquier otra parte del mundo podría pasar desapercibido. Pero no en esta ciudad donde se respira genialidad y belleza en casi todos sus rincones. Ahora, si se logra obviar el hecho de que se está pisando el mismo suelo que el David de Miguel Ángel, podemos perdernos y encontrarnos con alguno de los típicos recovecos italianos, que nos esperan como queriendo jugar a las escondidas. Aquí uno de ellos.




En Roma es imposible huir de la millonada de turistas que pueblan sus calles. Pero la popularísima Piazza Navona me ofreció, paradójicamente, un respiro. Tal vez la actitud distendida de los artistas que hacen suya la plaza logra que uno se aparte de la vorágine romana. Sin dudas una de las plazas más lindas que conocí.




Estaba claro que uno de los objetivos de la visita a París era incorporar a nuestro cuerpo y alma todo lo posible en materia de gastronomía. Mi hermana tenía prolijamente anotado en su libretita, como quien anota una prescripción médica, cada lugar y cada bocado a probar. La patisserie Fauchon fue de visita obligada, y su torta ópera la vedette de la ocasión. Pese a que la vidriera ofrecía una gran variedad de productos más que atractivos, ella era la elegida. Así que una vez que estuvo prolijamente servida en su bandejita dorada, con los cubiertos al tono, nos dispusimos a disfrutar del manjar, rodeadas de sandwiches envasados en estuches plásticos con cierres herméticos.




Durante varios días pasamos por la Torre Eiffel con el objetivo de subir, pero siempre la fila de turistas nos hacía cambiar de dirección y dejar la visita para otro momento. En París nos acompañó bastante la lluvia. Pero parece que también la suerte. Así que, el día en que ya no teníamos más opción que subir, el clima se puso maravilloso, y la fila fue lo suficientemente lenta y lo suficientemente rápida como para poder ascender a pleno sol y contemplar el atardecer desde las alturas de la torre. Cuando por fin bajamos, los colores eran dignos de una pintura de Pop Art.




Quien ha tenido la suerte de conocer Brujas, sabrá, sin lugar a dudas, que la ciudad está sacada de algún cuento de hadas. No me hubiese sorprendido ver algún duende, o alguna casita de chocolate a la espera de Hansel y Gretel. Cuando vi esta foto sentí que la ciudad quedaba perfectamente reflejada.




Phnom Penh, Camboya. Una ciudad muy pobre y con una historia de muchísimo sufrimiento, pero también una ciudad donde se encuentran las sonrisas más lindas que conocí. Estar en ese lugar me produjo una conmoción muy grande, por su historia, pero también porque aprendí que la alegría puede sanar hasta el más profundo dolor. Los camboyanos con sus sonrisas me enseñaron eso.




Nunca había visto una monja (femenino de monje). De hecho no sabía de su existencia. Bueno, ella es una.




El calor era agobiante. Salíamos de los Campos de la Muerte de Choueng Ek, en Phnom Penh. La visita a ese lugar había sido realmente terrible. Las cosas vistas y escuchadas me habían estremecido durante todo el recorrido. Luego, nuestro tuk tuk driver nos llevó a una pagoda un tanto escondida. Nos dijo que ya habíamos visto mucho dolor, y que sería bueno alegrar el alma. Y ahí estaban estas dos niñas camboyanas, con sus enormes sonrisas. Les pedí si podía sacarles una foto y las dos posaron alegremente. Después me pidieron verla, y al irnos de la pagoda, nos saludaban desde la bicicleta.




En Guatemala fue la primera vez que me encontré con una estética totalmente diferente a la que estaba acostumbrada a ver. Antigua Guatemala, pese a ser la ciudad más importante del país junto a Guatemala City, aún conserva las tradiciones aborígenes, sus trajes típicos y sus colores. Eso sí, la gente no gusta demasiado de ser fotografiada, así que uno corre la suerte de paparazzi, o en su defecto, de dador de propinas por la foto tomada.




San Juan fue un viaje muy especial desde lo emocional. Viajamos con mi hermana. Desde San Juan capital fuimos unos días a conocer un pueblo entre la cordillera y la pre cordillera, llamado Barreal. No estaba en nuestros planes iniciales, y de hecho estuvimos por no ir. Y la verdad hubiese sido una pena. Barreal es un lugar de una paz inexplicable, y su paisaje es hermoso. Minutos después de sacar esta foto, con mi hermana vimos tantas estrellas fugaces que se nos acabaron los deseos.




El Malecom de La Habana. Mi lugar preferido en el mundo, tal vez. Ese día fue el primero que lo vi. Bajaba por la avenida del hotel Habana Libre, y me sorprendió de golpe la inmensidad de ese mar azul. Fue amor a primera vista. Mi boca le quedaba chica a mi sonrisa. El aire, el mar, la música, la historia, la gente que camina y se moja cada vez que alguna ola rompe contra su muralla... Todo hace que ese lugar sea maravilloso.



Calor, calor, humedad, olores, más calor, más olores. La ropa que no da abasto. Bangkok es una ciudad que no permite relajarse. Pero también ofrece vistas inigualables, como la del Wat Arun, al otro lado del río. Desentona absolutamente. Y me gustan las cosas que desentonan.




Y la contradictoria Bangkok ofrece la locura de la ciudad, y la espiritualidad de sus templos, con sus niños y sus monjes salidos de alguna leyenda, o traídos desde el pasado. Esta imagen me pareció muy tierna. Entramos al templo con la idea de acaparar alguno de los ventiladores de pie que siempre hay al interior de los mismos para aliviar tanto calor, y nos encontramos con un grupo de niños cuasi hipnotizados por lo que les contaba el monje. Me senté un rato sólo para absorber un poco de ternura entre tanto caos cosmopolita. Me hubiese gustado entender de que hablaba el buen señor, aunque prefiero fantasear con algún cuento de super héroes ninjas vestidos de naranja furioso.




Nunca me había pasado de llegar a un lugar y no saber con certeza si iba a poder cruzar la calle. Hanoi me hizo pensar en un primer momento que mi estadía se limitaría a las cuatro cuadras de la manzana donde se ubicaba el Hotel Marriotte. Por suerte la necesidad desarrolla el talento, y como para alimentarnos había que si o si cruzar alguna calle, no hubo más opción. Después de unas horas, ya me sentía una transeúnte habitué. Hanoi debe ser sin dudas una de las ciudades más caóticas y desprolijas que conocí en mi vida. El estímulo de imágenes y sonidos puede resultar hostil. O fascinante, como fue en mi caso. Hanoi me recibió con su anti esteticismo maravilloso, con su gente hermosa, con un festejo de Año Nuevo, del año de la Serpiente, y con sus millones de vietnamitas augurando buenos deseos.




En Hanoi nada se detiene nunca. NUNCA. Los negocios parecieran no cerrar, y los recepcionistas de los hoteles no dormir. Tal vez esta foto me trae a la retina ese movimiento constante.



Recién llegados a Hanoi teníamos que hacer tiempo para ver el famosísimo espectáculo de marionetas acuáticas, que más tarde comprobaríamos que era un engaño dirigido a turistas europeos en busca de cosas bizarras. Mientras esperábamos ansiosos que se hiciera la hora de la función, recorrimos el lago Hoan Kiem, ubicado en el centro de la ciudad. El lago estaba rodeado de vietnamitas dignos de ser fotografiados. Y particularmente los niños parecen estar preparados desde su nacimiento para ese fin. Estas nenas hermosas estaban jugando con su mamá y yo sentía que me gritaban “¡sacanos una foto!”.




Este fue el primer día del Año Nuevo Chino. Era feriado, y salíamos de la casa de Tuan, un vietnamita que nos había invitado a almorzar con su familia. Fue uno de los días más especiales que me tocó vivir en un viaje. Son esas ocasiones en las que uno siente que está en el lugar justo en el momento exacto. Las padogas vietnamitas se poblaron de gente para recibir el nuevo año con rezos, encendido de velas y sahumerios. Pocas veces vi una acumulación de gente tan grande. Creo que sólo la supera alguna escena vista en Ho Chi Minh, en ese mismo país.



El Delta del Mekong, el río más importante de Asia. Cuando estoy en tierra firme tengo alguna noción de territorialidad, de saber donde estoy parada. Esa noción me es absolutamente ajena cuando estoy en el agua. Es una sensación entre vertiginosa y placentera, la de no saber donde estoy. Me gusta mucho esa sensación.




Y si, voy a caer en un cliché, pero Venecia es realmente una de las ciudades más románticas que he conocido. Es inevitable no fotografiar a los gondolieri con sus camisetas rayadas y sus gorritos tan simpáticos. Es como la foto en Disney con el Pato Donald. Pero más allá de sus clichés Venecia es un lugar realmente hermoso. Y aunque seguramente la vi mil veces en imágenes antes de conocerla, igual me impactó todo el temita del agua y los canales.




The Sepakers Corner en Londres es el fino borde entre la multicultiralidad y la locura. No se sabe donde termina una y empieza la otra. Es asombrante y divertido. Cada cual va con su banquito a predicar, a una persona, a dos, a veinte o a nadie. Eso sí, con la caballerosidad que caracteriza a los londinenses, todo transcurre en buenos términos. Tibio tibio.

sábado, 6 de julio de 2013

Algunos tips a la hora de armar un viaje




Soy de las que piensan que viajar no es sólo cuestión de tiempo y dinero. Si bien ambas variables son indispensables, también es cierto que se a veces con poco, se puede hacer mucho. Y eso, ante todo, es un tema organizativo.



Para aprovechar de la mejor manera el tiempo y el dinero del que uno dispone, hay que pensar, en primer lugar, que planificar un viaje no es un tema de un minuto para el otro, ni siquiera de un mes para otro. Cuando los recursos son escasos, lo central es pensar y planificar con mucho tiempo, yo recomiendo como mínimo 6 meses. Si se quiere más mejor. De esa manera se pueden conseguir buenas tarifas de aéreos, alojamientos, traslados internos, entre otras cosas, y comenzar a pagar con tiempo. Siempre es bueno también, tener alguna tarjeta amiga que nos de la chance de poder pagar en cuotas.

De más está decir que hay que dedicar tiempo y tener ganas de planificar, pensar, buscar precios, y todo lo que implica la organización de un viaje. Tiene que ser un disfrute. A mi me encanta. Yo empiezo a viajar desde que decido el destino.

Para agrupar aquellas cosas que deben tenerse en cuenta para la organización de un viaje pensé una regla mnemotécnica, y se me ocurrió utilizar tres letras a las cuales a su vez le corresponden tres palabras:

P: pasaporte, pasajes, plata

I: información, itinerario, idiomas

V: vacunas, visados, valija


(Otra reglita: para acordarse de las letras se puede pensar en la palabra VIP. Y quien dice, tal vez si la repetimos varias veces, tenemos suerte y nos pasan a primera clase!).

Las tres P

Es importante, fundamental, no excluyente, asegurarse de tener el pasaporte en condiciones para viajar. Hay algunos países, por ejemplo en Europa, que exigen que el pasaporte tenga una validez mayor a seis meses al momento de arribar a ese destino.

En cuanto a los pasajes, una vez que se consiguió una buena tarifa (ya sea por cuenta de uno o a través de alguna agencia amiga), es importante chequear que estos estén correctamente emitidos a través del sitio web de la aerolínea. Por más que actualmente se utilice el sistema de boleto electrónico, es recomendable llevarlo impreso, y chequear las veces que sea necesario (para obsesivos como yo) las fechas y horarios de salida de los vuelos. También, para aquellos que quieran agilizar los trámites en el aeropuerto y asegurarse una buena ubicación en la aeronave, hacer el web check in y por supuesto imprimirlo también.

Por último, en cuanto a la plata, tratar de llevar efectivo en la moneda correspondiente al lugar de destino. Siempre es conveniente tener algo de cambio chico a mano, para cuando uno recién llega y tiene que pagar algún traslado, o alguna compra. Si la moneda del destino al cual se viaja no se consigue en el país de origen, llevar una moneda de uso internacional y cambiar algo en el aeropuerto de arribo. Conviene tener claro el tipo de cambio, para evitar ser estafado o no estar dos horas frente a la ventanilla de haciendo cuentas. Para los más tecnológicos, muchos celulares tienen funciones que nos facilitan esas cosas.

Las tres I

El aprovechamiento al máximo del tiempo va a depender de la información con la que uno cuente y del itinerario que uno arme. El segundo es consecuencia de la primera. Excepto que uno decida pasar sus vacaciones en una playa, acostado en la misma reposera, para cualquier otra situación es conveniente ir informado.

La información práctica no sólo incluye las atracciones turísticas y actividades para hacer en un determinado lugar, sino también las posibilidades que existen para manejarse de manera independiente, y poder también de esa manera economizar gastos y optimizar el tiempo. En la actualidad se cuenta con miles de fuentes de información: desde las guías para viajeros como la Lonely Planet (esta es la que yo recomiendo, se consigue en muchas librerías), hasta los foros de viajeros (www.lonelyplanet.com, www.viajeros.com), o diversos blogs. Información hay por todos lados y al alcance de la mano. Sólo es cuestión de sentarse en una computadora y navegar. Las embajadas, o casas de provincia, en algunos casos también proveen información turística que puede ser útil.

Por otro lado, más allá de la información práctica, estoy convencida que el conocimiento de la historia de los lugares que uno visita va a influir positivamente en la riqueza del viaje. Y esa información no va en detrimento del factor sorpresa. Nada más alejado. Conocer la historia de los lugares lo conecta a uno con cuestiones más profundas, y contribuye positivamente a la vinculación con la gente del lugar. Si uno no va con algún back up, o sabe sólo lo superficial del lugar que va a visitar, se pierde de entender muchísimas cosas de la cotidianeidad, de la gente, de los comportamientos, de las costumbres. Desconocer que pasó en ese lugar, cual es su historia, cuales fueron sus sufrimientos y alegrías, obstruye la posibilidad de la empatía y la comprensión. Y muchas veces, en ciertos destinos, eso es parte fundamental de la vivencia del viaje.

En cuanto al itinerario, uno puede armarlo para un recorrido amplio, que puede abarcar varias ciudades o países, o hacerlo para una misma ciudad con el fin de aprovechar mejor el tiempo de estadía. Para el primer caso, conviene estudiar que posibles transportes conectan las ciudades que uno quiere visitar, y que tramos conviene hacer de día o de noche. Esto no quiere decir que se tengan que sacar todos los pasajes con anticipación, porque sino se perdería mucha flexibilidad, pero sí tener conocimiento de las posibilidades y tener alguna idea armada de la ruta. A veces, cuando se tiene poco tiempo en una ciudad, la ruta aérea que siempre es más rápida, para tramos de pocas horas puede ser un obstáculo, porque los aeropuertos en la mayoría de los casos necesitan de tiempo extra hasta que uno efectivamente llega a instalarse en el destino, con lo cual se puede perder casi un día. Y en una corta estadía, significa mucho. Siempre que uno va a realizar un vuelo, tiene que pensar en sumar como mínimo 4 horas más al tiempo efectivo de viaje. Hay varios sitios de Internet que brindan información sobre transporte, como ser www.seat61.com (este sitio es muy recomendable ya que brinda información de todos los medios de transporte a nivel mundial), www.skyscanner.net, www.es.lastminute.com, www.despegar.com, o bien las aerolíneas y empresas de buses y trenes de cada destino particular.

En el caso de los recorridos en las ciudades, recomiendo tener una imagen mental del mapa de la ciudad, saber donde se encuentran las atracciones por las que se debería por lo menos pasar, y ubicar otros lugares que queden cerca de esos puntos principales, para armar pequeños recorridos. Aquí también es importante saber los días y horarios en que dichas atracciones funcionan. Si uno es muy organizado, ya se puede ir con algún mapa marcado (las guías de viajeros suelen venir con mapas incluidos).

Para información acerca de alojamientos recomiendo utilizar www.booking.com (donde se pueden leer comentarios y buscar el alojamiento que más se adecue a las necesidades y posibilidades de cada uno, y además reservar en muchos casos sin costo alguno por la reserva y/o su cancelación). También existen otros sitios de información y reservas más enfocados a los alojamientos más económicos como ser www.hostelbookers.com y www.hostelworld.com.

Por último el idioma. No pienso que uno tenga que saber hablar y entender el idioma del lugar al que va a viajar, pero sí saber con lo que se va a encontrar para no entrar en pánico. Además, es importante llevar algunas palabras o direcciones anotadas en caso de necesitar alguna ayuda (por ejemplo, si uno es alérgico a alguna comida, se puede llevar esa apalabra anotada para no correr ningún riesgo a la hora de comer algo).

Las tres V

Muchos países requieren visas para el ingreso a los mismos. Esta información se puede conseguir en las embajadas y consulados, o bien en los foros de viajeros (aunque para asegurarse que esté actualizada, recomiendo la primera opción. Tal vez los foros ayudan con algunos tips que siempre es conveniente tener en cuenta, por lo cual no está de más leerlos). Algunas visas se pueden tramitar en el país de residencia de uno, y otras se tramitan en los puestos fronterizos de los países que se visitan. En el segundo caso es importante conocer bien que documentación va a ser necesaria para dicho trámite (formularios, fotos, etc.), y el costo monetario del mismo, como así también la moneda en la que se debe abonar. En muchos países los puestos fronterizos son una oportunidad única para la estafa al turista, por eso es importante ir bien informado.

Respecto de las vacunas, hay que saber siexiste alguna exigencia para el ingreso al país de destino, como así también si hay alguna recomendación para evitar el contagio de alguna enfermedad endémica de ese lugar. Los centros de medicina del viajero brindan toda esa información. Si uno cuenta con alguna prepaga puede utilizarla para tal fin. Dentro de los centros privados, Stamboulian es el más conocido en la materia. Y en el ámbito público, el Hopsital Muñiz de la Ciudad de Buenos Aires cuenta con un excelente servicio de medicina del viajero (Uspallata 2272 - CABA. Teléfono: 011 43042386). En dichos centros, también se puede solicitar asesoramiento para el armado del botiquín. Siguiendo con la cuestión sanitaria, nunca está de más contratar un seguro médico. Algunos destinos lo exigen (como ser Europa). Para aquellos que cuenten con tarjetas de crédito Gold o Platinum, muchas veces dicha asistencia es sin costo (sólo hay que averiguar cual es la cobertura en destino). Y para los que no, los seguros médicos no implican un gasto imposible de afrontar.

Por último, la valija. Me es difícil escribir al respecto porque hasta el día de hoy no aprendí a medirme, no con lo que llevo, sino con lo que traigo de vuelta. Pero bueno... Es fundamental conocer las temperaturas y condiciones ambientales con las que uno se va a encontrar para saber que prendas llevar. También las cuestiones culturales inciden en la vestimenta que uno elija (por ejemplo, en países con una incidencia muy fuerte de la religión se recomienda vestir con recato). El armado de la valija es muy personal, pero si algo tengo que recomendar es que siempre es conveniente viajar liviano. Es mejor llevar de menos que llevar de más. Y si uno sabe que en el destino va a tener la posibilidad de realizar alguna compra, llevar menos aún (este sigue siendo mi talón de Aquiles). En cuanto a los transportes, sobre todo el aéreo, es muy importante asesorarse sobre el pesaje permitido y la cantidad de bultos (tanto lo que se despacha, como lo que se lleva en la cabina), para evitar pagar exceso de equipaje, o hacer papelones en los aeropuertos. Con ingresar el número de boleto en los sitios web de las empresas, se cuenta con esta información.