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viernes, 1 de julio de 2016

Turquía segunda parte: Capadocia

Al día siguiente, muy temprano, partimos para Capadocia. Estambul tiene dos aeropuertos, Atatürk, del lado europeo y más cercano al centro de la ciudad, y Sabiha Gökçen, del lado asiático y a mayor distancia. La mayoría de los vuelos internos salen y llegan a Sabiha, así que de camino al aeropuerto pudimos echar un vistazo a esa zona de la ciudad. El lado asiático está poblado de edificios altos y construcciones más modernas, a diferencia del lado europeo, con construcciones más bajas, antiguas y desprolijas. La geografía es más plana, lo cual debe permitir ese tipo de construcciones. También aquí hay sectores residenciales de gente pudiente. A simple vista el lado asiático pierde un poco el encanto, pero sinceramente no hubo tiempo para recorrerlo ni siquiera superficialmente. Estambul es enorme, en extensión y en densidad de población.





Luego de menos de dos horas de vuelo desde Estambul, llegamos al aeropuerto de Kayseri, en la región de Capadocia. Esta región se encuentra situada en el centro del país, y se destaca por sus valles y formaciones rocosas, en las cuales se construyeron viviendas y hasta ciudades hace miles de años. En la actualidad la mayoría fueron convertidas en infraestructura turística o en museos al aire libre, y muy pocas se conservan para un fin doméstico. Capadocia está constituída por diversos valles cada cual con algún conjunto de formaciones rocosas característico.





La región de Capadocia tiene varias ciudades desde las cuales se hace base para realizar las excursiones en la zona, como así también dos aeropuertos, Kayseri y Nevşehir. Por lo que vimos es indistinto que ciudad se elija para alojarse, porque las excursiones recorren puntos lejanos, con lo cual uno a veces está más cerca de una ciudad, y otras veces de otra. Nosotros nos alojamos en Goremë, una de las ciudades con más infraestructura turística de la zona.

Desde Buenos Aires ya habíamos contratado un tour de dos días que nos llevó a conocer los diversos sitios significativos de la zona. Lamentablemente y por el mal tiempo no pudimos hacer el paseo en globo tan famoso, y que constituye una de las postales de Capadocia. Según nos explicaba el guía, las condiciones meteorológicas tienen que ser óptimas, y eso lo autoriza o no el ejército. Pero en los dos días que tuvimos de excursión realmente conocimos sitios muy interesantes, escalamos construcciones en piedra, visitamos una ciudad subterránea increíble, y contemplamos los diversos paisajes característicos de la región. Y como en casi todos los lugares que visitamos en el país, comimos como los dioses.







Fuera de las excursiones que estuvieron muy interesantes, la ciudad donde nos alojamos no tenía mucho más para hacer que recorrer negocios de souvenirs. Además, el frío de a ratos se hacía intenso con lo cual no daban muchas ganas de andar caminando. Por suerte, más allá del paseo en globo, el clima no fue un obstáculo para hacer el resto de los paseos. Con bastante ropa encima no hubo mayores problemas. Y otra vez quedamos muy a gusto con la gente del lugar, sobre todo los guías que nos acompañaron en los dos días de excursión, una familia turca de amplia tradición en el rubro que fueron muy responsables, amables, con amplio conocimiento del lugar y su historia, y sobre todo muy buena gente.

Finalizado el tour por Capadocia, regresamos a Estambul para conectar con el vuelo a Tel Aviv.



Sugerencias




Capadocia

  • Para visitar Capadocia es recomendable contratar una excursión ya que las distancias entre los diversos puntos de interés son muy largas, y por supuesto las explicaciones de los sitios de interés es fundamental para poder entender algo de lo que se visita.
  • Fatih Ayas. Guía en Capadocia. Es una familia con mucha experiencia en el rubro turístico. El padre de la familia fue el primer guía de la región. Son muy responsables, los precios son muy razonables, y el servicio es excelente. Altamente recomendables.Tel: +90 384 511 21 28 / +90 531 340 53 86. info@turkey-travelplan.com. 90 USD por persona el tour de dos días (sin incluir el paseo en globo, cuyo precio depende del tipo de paseo que se quiera realizar. Arrancan aproximadamente en los 100 USD por personas).
  • Hotel Local Cave House (Goremë). Un hotel muy lindo, ubicado en la montaña, con un desayuno muy completo y con personal muy amable. 28 USD la habitación doble, con desayuno.

Turquía primera parte: Estambul

Llegamos a Estambul muy tarde en la noche y después de un viaje muy cansador, así que casi sin darnos cuenta donde estábamos, nos tomamos un taxi a nuestro hotel con el sólo fin de dormir.

Ya recuperados, el primer día lo dedicamos a recorrer la parte antigua y europea de la ciudad, y sus lugares históricos de visita obligada.

Estambul se divide en una parte europea y una asiática, y a su vez la primera, en una parte antigua y una moderna. Estambul está separada por agua: el Mar de Mármara por un lado, y el Mar Negro por el otro, que se unen en el Estrecho del Bósforo. El agua le da un poco de respiro a tanta densidad, tanto amontonamiento y tanto acoso a los sentidos. Estambul es una ciudad multifacética. Tiene una zona cercana al aeropuerto Atatürk muy moderna, con rascacielos, autopistas y hoteles de lujo. También hay barrios más pintorescos, de calles irregulares, con subidas, bajadas y curvas, y construcciones más antiguas, que a mi gusto son las zonas más atractivas de la ciudad. Y también por estas zonas se concentran los puntos turísticos más relevantes, aunque si uno se aleja un poco de los mismos, se encuentra fácilmente con la vida local. La ciudad tiene a su vez barrios más modernos y occidentalizados, muy turísticos, como aquellos que rodean a la Torre de Galata, y también zonas residenciales con construcciones más modernas como por ejemplo las que se pueden ver circulando por la parte asiática. En este sector de la ciudad también se pueden ver residencias de altísimo poder adquisitivo, muchas de las cuales se ubican al borde del mar. En Estambul hay para todos los gustos.


Estambul

La primera visita turística obligada fue a la mundialmente conocida Ayasofia, la iglesia convertida en mezquita de un tamaño y ornamentación impresionantes. Allí se pueden ver antiguas figuras cristianas que habían sido ocultas por escrituras y diseños islámicos. Actualmente es un museo, donde se puede observar la convivencia de ambos credos, al menos en su estructura. Luego visitamos el Palacio Topkapı, residencia de casi todos los sultanes, donde se pueden ver desde los tesoros más impresionantes hasta las decoraciones más detallistas y sobrecargadas, y hasta pelos de la barba del profeta Mahoma. Una visita muy interesante. 



Ayasofia - Estambul
Ayasofia - Estambul

Luego visitamos la Mezquita Azul o Sultanahmed, que funciona como lugar de culto del islam, para lo cual tiene un enorme espacio para el rezo. El edificio es algo impresionante tanto por su estructura como por su belleza. Para terminar el día conocimos la Cisterna subterránea, que antes se utilizaba para proveer de agua a la ciudad. Un lindo lugar para conocer en poco tiempo.


Mezquita Azul - Estambul
Mezquita Azul - Estambul
Cisterna - Estambul

Todas estas atracciones históricas están situadas en la misma zona de la ciudad, y a poca distancia una de la otra, con lo cual se puede dedicar un día para visitarlas todas.

En Estambul es muy fácil perderse. Cuanto uno más se aleja del circuito comercial, como sucede casi siempre, la ciudad se vuelve más descuidada, pero empieza a aparecer el verdadero encanto, de la mano de las costumbres y la autenticidad de sus habitantes, de las calles y de la convivencia entre gente y lugar. 

Una de las cosas que más me llamó la atención de la ciudad es su enorme oferta gastronómica. Por todos lados hay negocios de dulces, puestos callejeros, restaurantes más armaditos, mercados, y en las veredas las pequeñísimas mesas y sillas, que si uno no viera allí a personas adultas creería que fueron robadas de algún jardín de infantes. En esas mesas que son parte del paisaje urbano típico, los turcos se sientan a tomar sus tés en pequeñas tacitas de vidrio. Difícilmente se vea un turco sin una de estas tazas de té en la mano, como así tampoco faltan esas tacitas vacías en los marcos de las vidrieras, y en los zócalos de los mercados.

Turquía es un país de credo musulmán. Si bien es mucho más moderado que otros países del mismo credo, el islam se practica a lo largo de todo el territorio. Estambul no es ajena a esto, por lo que está repleta de mezquitas, cada cual con sus minaretes para el llamado a la oración. Algunas mezquitas son más pequeñas, y otras de tamaños colosales, pero casi ninguna pasa desapercibida. Todos los días, varias veces por día y a la hora adecuada, se escucha el llamado a la oración que sale desde los altoparlantes de los minaretes para que toda la ciudad lo escuche y rece. Ese sonido, debo decir, es algo inigualable que nunca antes había escuchado. Tiene algo de sublime, algo de sagrado y hasta algo de paralizante.



Mezquita Azul - Estambul

Por otro lado, la religión se expresa también en la vestimenta, sobre todo de las mujeres. La mayoría de ellas lleva la cabeza cubierta de diversas formas, con pañuelos coloridos, otros más sobrios, con túnicas, y hay muchas a las cuales apenas pueden vérseles los ojos.


El segundo día lo dedicamos a los bazares. En Estambul hay dos bazares muy conocidos, el Gran Bazar y el Bazar de la Especias. El primero es inmenso. Se encuentra en el medio de la parte antigua de la ciudad, y tiene varias puertas de entrada, con lo cual difícilmente después de un paseo por allí uno pueda salir por la misma puerta por la que entró. Su tamaño es inabarcable. Así y todo, no me resultó tan desordenado y caótico como imaginaba. Ni los vendedores me parecieron tan acosadores como me habían advertido. Tal vez al darse cuenta que éramos argentinos (y los turcos tienen un radar de nacionalidades), no insistían mucho porque sabían que no iban a hacer un gran negocio. En el Gran Bazar se puede encontrar de todo, desde ropa, carteras y zapatos, hasta artesanías, alfombras y dulces.



Gran Bazar - Estambul
Gran Bazar - Estambul

Una vez recorrido el Gran Bazar, y de camino al Bazar de las Especias, la fisonomía del lugar se vuelve muy interesante, y aún más en las afueras de éste último mercado. Casi que lo mágico está por fuera, en los puestos callejeros, en la gente gritando, comprando, probando. Por estas calles hay olores, colores y sabores a granel. Y mucho, mucho ruido.


Alrededor del Bazar de las Especias - Estambul
Alrededor del Bazar de las Especias - Estambul

El Bazar de las Especias, es mucho más pequeño y a mi gusto más pintoresco que el Gran Bazar. Además los productos  que ofrecen parecerían ser más típicos, sobre todo porque la mayoría de ellos son comestibles, difícilmente importables desde China. Las delicias turcas se llevan el puesto número uno. Es imposible no querer probar todas y cada una de las joyas gastronómicas llenas de almíbar, masa filo, pistachos, castañas, y demás exquisiteces que allí se ofrecen. Sobre todo si con cada una de ellas siempre hay un turco ofreciendo un té en esas tacitas encantadoras, para apaciguar el dulce de esos manjares.


Alrededor del Bazar de las Especias - Estambul
Alrededor del Bazar de las Especias - Estambul

Luego de la visita a los bazares hicimos un paseo en barco por el estrecho del Bósforo. El paseo es muy lindo, y permite tener un mejor panorama de la geografía de la ciudad, además de darle un respiro a los sentidos. Además la vista de Estambul desde lejos, con sus imponentes mezquitas y sus colores, es bellísima Nosotros lo disfrutamos mucho pese al frío.

Luego del paseo en barco, cruzamos a pie el puente Galata y recorrimos la zona más moderna de la parte europea, el barrio de Beyoğlu, hasta llegar a la plaza Taksim. En esta zona hay una calle peatonal muy extensa y repleta de turistas, İstiklal, donde el baklava es reemplazado por el chocolate, el kebab por el sushi, y los bazares y puestos por los negocios de las marcas internacionales más reconocidas. Estambul se torna más europea, aunque no por ellos deja de ser linda. Lo que sí, pierde ese encanto y esa originalidad, y pasa a ser una ciudad linda más.



Estrecho del Bósforo - Estambul

Una de las cosas que nos llamó la atención fue el transporte público, el cual es muy moderno, prolijo y ordenado. Tal vez por prejuicio pensaba que iba a ser desordenado y un poco caótico como el resto de la ciudad, pero no, absolutamente nada que ver.

Por la noche comimos en un lugar alejado de la zona turística, y claramente más destinado a los locales que a los extranjeros. Si hay algo que destaca a esta ciudad mágica es su gastronomía, sobre todo aquella que se encuentra más alejada del circuito turístico. En este lugar escondido, Damascus, cuyo dueño era un sirio muy amable, comimos como en ningún otro lugar de Turquía. Humus, kebab, falafel, mousaka, todo muy sabroso, abundante y económico. Y una vez más, como ya nos venía pasando en cada interacción, sentimos la hospitalidad de los turcos. La gente de Estambul se esfuerza por atender bien, por hacer sentir cómodo al cliente, por brindarle todo lo que necesita. No por nada los turcos son grandes comerciantes. Saben cómo hacer para que el cliente se vaya contento y quiera volver, más allá del producto. Son grandes “chamuyeros”, en criollo. Uno se va de cada lugar pensando que comió, bebió o compró lo mejor que había al mejor precio. Hasta tienen el don de hacer creer al cliente que se aprovechó de ellos. Ilusos nosotros.

Estambul no se caracteriza por ser una ciudad bella, sino que es una ciudad alucinante. Tiene algunas zonas pintorescas, pero no son las que hacen de la ciudad algo extraordinario. Estambul es alucinante porque es una ciudad llena de costumbres vivas, como las pequeñas tacitas de té o café, los olores de las especias, las infusiones y las frutas secas, los gritos de los vendedores queriendo seducir a sus posibles clientes, o la solemnidad del rezo con su llamado y sus ecos.



Tacita turca


El día siguiente amaneció a puro sol lo cual hizo que los colores se volvieran más vivos y por ende la ciudad todavía más hermosa. La mitad del día lo ocupamos con un tour a la gorra que nos llevó a recorrer parte de la ciudad antigua, partiendo de Sultanahmed, para finalizar en el puente Galata. Si bien algunos lugares ya los habíamos visitado por nuestra cuenta, siempre es bueno estar con alguien que vaya dando una explicación de las cosas que uno ve, y el guía que nos acompañó fue muy bueno, así que el tour resultó muy interesante. Además de pasar por Ayasofia, el Palacio Topkapı y sus alrededores, visitamos una mezquita pequeña y escondida con un trabajo de mosaicos impresionante, el parque Gülhen, la Estación del Expreso Oriente, la oficina de correos y otros edificios y calles. Finalizado el tour en la ruidosa y atolondrada costanera, nos volvimos para la zona del Palacio Topkapı y visitamos por nuestra cuenta el Museo de Arqueología. El museo es grande, con algunos sectores muy interesantes y otros no tanto, al menos para mí. Lo que nos llamó mucho la atención es que las salas estaban prácticamente vacías. Por  momentos teníamos tres guardias para cada uno de nosotros.

Por la noche, y como era de prever, volvimos a cenar a lo de nuestro amigo sirio, para finalizar con la cata de todos los platos de la carta. Nada nos decepcionó.

Hay algo que debo decir en relación a los hombres turcos y es que son muy metro sexuales. Es evidente que hay mucha producción antes de salir a la calle. Desde el vendedor de especias, hasta el policía, no importa el rubro. Todos tienen sus barbas perfectamente recortadas, sus peinados prolijos y sus ropas ajustadas. No es casualidad que uno de los negocios que más se observa son las peluquerías de hombres (y siempre están con gente). Además de la producción estética, los turcos son muy simpáticos y seductores. En general por lo que pudimos ver, siempre hablando de los hombres, tienen buen trato entre ellos y con los extranjeros, además de ser en su mayoría hospitalarios y bien predispuestos. Al principio parece que siempre están peleando, pero no, se comunican a los gritos siempre. En cuanto a las mujeres, no puedo decir mucho. No se encuentran muchas mujeres trabajando en comercios ni restaurantes, por lo cual la relación cotidiana es casi nula.



Sugerencias



Estambul


  • Taxi Fatih (centro, parte vieja) - Aeropuerto Atatürk 25 USD
  • Taxi Fatih (centro, parte vieja) - Aeropuerto Sabiha 50 USD
  • Taxi Beyoğlu (centro, parte nueva) – Aeropuerto Atatürk 20 USD
  • Shuttle de Sabiha a Plaza Taskim (empresa Havatas) 5 USD por persona
  • Milano Hotel. Muy buen hotel, con excelente servicio. Las habitaciones son pequeñas pero están muy bien. La ubicación es buena, en la parte antigua de la ciudad, cercano a la zona de los bazares y Sultanahmed. Si bien está ubicado en una zona comercial que de noche es oscura, no nos pareció insegura. Cerca del hotel hay unas calles peatonales con varios restaurantes (más bien turísticos), y también otros restaurantes para locales. Dirección: Muhsine Hatun Mah. Çiftegelinler Cd.Telliodalar Sk. No: 48 Kumkapı, Fatih. info@hotelmilanoistanbul.com. 45 USD la habitación doble, con desayuno buffet. 
  • Hotel Palazzo Donizzetti. Hotel 5 estrellas ubicado en la zona moderna de la ciudad (frente al famoso Hotel Pera). En Turquía se encuentran muchas opciones de hoteles de nivel por precios razonables. 65 USD la habitación doble, sin desayuno. Dirección: Asmalı Mescit Mh. Mesrutiyet Caddesi, No:85, Taksim, Beyoğlu. 
  • Restaurante Damascus. El restaurante donde mejor comimos en Estambul. Estéticamente no es muy lindo pero la comida y la atención son excepcionales. En Estambul, y en Turquía en general se puede comer muy bien en un restaurant no turístico por 20 liras turcas (7 USD) por persona. En la calle se encuentran sándwiches o shawarma por 5/7 liras. En los lugares más turísticos se puede comer desde 30 liras en adelante. Dirección: Mimar Hayrettin Mh. Balipasa Yokusu Cd. No. 92, Beyazit, Fatih, Estambul.
  • Al ser un país musulmán, las bebidas alcohólicas son difíciles de conseguir en los lugares de comidas más locales. Y cuando se consiguen no resultan económicas, si se compara con las comidas (por ejemplo, una cerveza pequeña puede costar desde 10 liras turcas en adelante). 
  • Por cuestiones religiosas, siempre conviene que las mujeres lleven un pañuelo para taparse la cabeza, y ropa recatada, si se piensa visitar una mezquita. También hay que saber que a las mezquitas no se puede ingresar con calzado.
  • Hay que tener cuidado con los taxis que se toman en la calle, ya que puede suceder que se aprovechen del turista (como nos sucedió a nosotros). Además de contar con parquímetros truchos, hay que fijarse bien el dinero que se les da cuando se les paga, para no caer en el cuento del “billete roto”. Si hay que señalarle que uno se fijó en la numeración del billete no está de más. También es conveniente arreglar el precio del viaje de antemano.


lunes, 14 de diciembre de 2015

Escandinavia Parte I



Mi viaje por la  remota Escandinavia fue diferente a los viajes que me tienen acostumbrada. El motivo del mismo fue un programa de intercambio de trabajo social, profesión que estudié y a la cual me dedico. Dicho programa es internacional y funciona desde hace más de cincuenta años organizando intercambios profesionales en muchos países del mundo. En mi caso Noruega fue el país elegido para realizar dicha experiencia. Un poco por lo lejos, otro poco por lo diferente, y otro poco porque era gratis.

Mi viaje a Noruega tuvo una primera escala en la maravillosa capital de Dinamarca, Copenhague.

Llegué a esa ciudad alrededor de las cuatro de la tarde, luego de un largo vuelo desde Buenos Aires, y con toda la ansiedad y la incertidumbre de viajar sola por primera vez. Del aeropuerto muy fácilmente (como funciona todo en los países escandinavos, muy fácilmente) tomé un tren que me dejó en la estación central de la ciudad. Dejé rápido todas las cosas en el hostel para aprovechar lo que me quedaba del día, y salí a recorrer, sin mucho rumbo.

La ciudad es preciosa. Es amplia, pintoresca y conserva en perfecto estado los edificios y construcciones. En algunas zonas la arquitectura antigua se mezcla con la moderna, pero siempre predomina el estilo imperial. También tiene esa cuota de rebeldía, de graffiti, de cultura urbana, que hace que la ciudad tenga esa contradicción agradable. Copenhague es bella y llena de vida. Los palacios, los edificios de gobierno, las iglesias y los monumentos son impresionantes. La ciudad está bañada por canales que reflejan edificios de colores. Los parques y flores tienen un lugar privilegiado en la estructura de la ciudad, y ni que hablar de las bicicletas, dueñas y señoras de todas y cada una de las calles.

Salí del hostel y luego de rodear la estación central y el Parque Tívoli (un parque de diversiones muy antiguo y famosísimo en Dinamarca), tomé la calle Tietgensgade (los nombres de las calles son imposibles de leer y ni que hablar de pronunciar). Pasé por "la city", la zona céntrica de la ciudad, la plaza del Ayuntamiento, y por unos cuantos edificios importantes como el museo de arte Carlsberg Glyptokek, el Christianborg Palace, la bolsa de comercio, y el Royal Danish Theater, entre otros. Los edificios son dignos de apreciar aunque más no sea por fuera. Finalmente llegué a la calle Nyhvan, famosa por su canal donde amarran decenas de barcos.

Según cuenta la leyenda, los barcos que se atracaban en ese canal quedaron encerrados porque uno de los puentes de entrada se derritió por el calor y no pudieron sacarlos más. Así que ahora son parte de la decoración de la preciosa calle Nyhavn. Y, a la ya interesante decoración de los barcos prisioneros se suman los edificios de colores. Además, la calle está llena de barcitos y restaurantes, por lo que se torna un lugar privilegiado para el paseo de turistas y locales. En tiempos remotos, este sector de la ciudad era el puerto donde llegaban los marineros, y estaba categorizado como una especie de antro de prostitución y alcohol. Luego se pidió a las autoridades de la ciudad que se controlara esa situación, y después de una época de decadencia se reflotó y pasó a ser el hermoso canal que se ve hoy. Allí me quedé un rato contemplando el atardecer, me comí un shawarma con una cerveza y volví caminando por la calle Stroget, una calle peatonal, muy bonita y súper comercial, donde se encuentran desde las tiendas de ropa más globalizadas, hasta los principales diseñadores.

Copenhague no es una ciudad fácil para manejarse. De hecho lo fácil es perderse y dar vueltas en círculo, por más que uno tenga el mapa en la mano. A los nombres difíciles de las calles se suma que ninguna es recta, que casi todas se cortan, después vuelven, cambian de nombre cuadra a cuadra, se hacen más chicas, más grande, cambian de sentido. En fin, complicado. Lo bueno es que cada vez que uno se pierde termina viendo algo más lindo que lo que buscaba.

Además, como me habían advertido, es una ciudad cara. Un vaso de cerveza chico ronda entre los 5 y los 7 euros, un hot dog alrededor de 5, y un shawarma más o menos lo mismo. Por suerte los árabes se instalaron por toda Europa, así que el shawarma y el kebab son siempre la mejor opción.

Si bien Copenhague tiene la fama de re contra hiper primer mundo, también hay gente en la calle, mucha alcoholizada, o pidiendo limosna, sobre todo en las zonas más céntricas. Y realmente me quedé asombrada de la cantidad de alcohol que toma la gente (y eso que yo no soy ninguna abstemia). En todas las esquinas se ven jóvenes (algunos muy jóvenes) con cajones de cervezas y otras bebidas, tomando a más no poder, haciendo competencias de quien toma más, o más rápido. Hombres y mujeres. Alrededor de la estación central hay un clima bastante áspero, con muchos hombres medio arruinados, grandes y no tanto, tomando alcohol. Pero así y todo cada cual está en la suya y nadie molesta a nadie.



El día siguiente amaneció con mucha lluvia, así que caminé unas cuadras y me metí en la oficina de información turística que está muy bien armada, con mapas, guías y hasta computadoras interactivas. De ahí me fui a hacer un tour a la gorra con los Sandemans New Europe (que ya conocía de haber hecho tours con ellos en otras ciudades, y los sigo recomendando). El tour nos llevó por el centro histórico, empezando por el Ayuntamiento y pasando por Palacios, monumentos y canales, para terminar en el Palacio de Amalienborg, desde donde se aprecian los majestuosos edificios de la Ópera y la Iglesia de Mármol. Luego del tour fui a conocer a Celeste, mi contacto en Copenhague, que me llevó a conocer su preciosa casa, donde muy amablemente me alojó a mi vuelta de Noruega.

Por la tarde, y ya con poco tiempo, fui al Palacio Christianborg y subí a su torre desde donde se puede apreciar una hermosa vista panorámica de la ciudad (y por suerte es gratis). De allí fui a visitar la modernísima biblioteca conocida como el Diamante Negro, un gran cubo de vidrio negro que parece que se cae sobre el canal a orillas del cual está construida. Valió la pena apreciar esa construcción tanto por fuera como por dentro (también gratis).

Ya de regreso al hostel, preparé mis cosas y me fui a tomar el bus rumbo a Oslo, y que me haría conocer la megaestructura del puente Oresund, que resultó ser sólo un puente. Muy largo, pero no tan impactante como pensaba que iba a ser. Supongo que a los ingenieros o arquitectos les debe fascinar. Yo como no sé nada ni de arquitectura ni de ingeniería tan sólo me pareció largo. Y a mi desconocimiento en materia de construcciones se sumó que era de noche, así que la vista tampoco fue mucha. Lo que si me sorprendió fue lo grande y luminosa que resultó ser Malmo, la ciudad sueca que recibe a los que cruzan el Oresund. Y linda, muy linda, por lo que se podía apreciar desde el micro. Yo me imaginaba un pueblito de frontera como el Chuy. Pero no, absolutamente nada que ver con el Chuy.

Llegué a Oslo a las 4:45 am, con una ciudad que empezaba muy lentamente a aclarar. Oslo, a primera vista es una ciudad muy moderna en sus construcciones, muy distinta a Copenhague o a otras ciudades europeas que conocí. Apenas llegué a la terminal de micros quise dejar mi valija en un locker, el cual sólo aceptaba coronas noruegas. Me acerqué a un kiosko para ver si podía comprar algo con coronas danesas o euros, pero no se podía. Sólo coronas noruegas. El buen hombre, desconociendo la situación de mi país, me indicó amablemente donde había un cajero automático (iba a tener que tratar por esa vía). Le pregunté a cuanto estaba la corona Noruega respecto del euro, para saber cuánto dinero sacar del cajero, y me dijo algo así como "la bolsa Noruega cayó cuatro puntos esta semana, el euro está bajando. No sé qué decirte, puede que el euro este entre 8 y 9 coronas. Estamos en crisis". ¿Crisis? ¿¿¿Crisis??? Yo tengo un dólar oficial, uno paralelo, uno ahorro y uno tarjeta. Así que sin entender mucho el concepto noruego de crisis, me fui al cajero a sacar lo mínimo e indispensable porque en mi país si que no sabia cuánto iba a valer eso cuando regresara

Apenas llegué, y siendo tan temprano decidí caminar por los alrededores de la estación de trenes, que es también el centro de Oslo. Si bien a esa hora aún no había movimiento, pude imaginar una ciudad pujante, que se esfuerza por verse cada vez más grande y moderna, como queriendo mandarse un poco la parte. Oslo tiene edificios construyéndose por donde se mire. Las construcciones son muy modernas y con diseños muy originales, como la famosísima Ópera de Oslo, ubicada frente al mar, construida en vidrio y mármol. Caminando un poco desemboqué en lo que a mi parecer era el barrio árabe, donde se ven construcciones un poco más dejadas. Apenas comenzaron a abrir los negocios, y como siempre hago, fui a la oficina de turismo que estaba en la estación de trenes para buscar mapas e información. Saqué una tarjeta diaria de transporte y arranqué el primer paseo por esa ciudad que me alojaría (en el sentido más literal de la palabra) durante las siguientes tres semanas. En Oslo, como en la mayoría de los países de Europa, hay pases de transporte además de los tickets individuales, y si se piensa viajar bastante, son convenientes.

El transporte público en Noruega es perfecto. No tengo una palabra mejor para describirlo. Todo limpio, todo señalizado, todo a tiempo. Así cuesta también.

Mi primera parada fue el Museo de los Barcos Vikingos, más para homenajear a mi novio y a mi hermano, que por gusto personal. Igual estuvo bien. El museo es pequeño y exhibe dos enormes barcos vikingos, y otro más chico y menos conservado, que datan del 900 a. C. También se exhiben otros objetos vikingos hallados. Pero lo que más me gustó del museo fue recorrer el barrio en el que está situado. Un barrio precioso, tranquilo, de casas bajas y mucho verde. A medida que uno se aleja del centro de la ciudad, los barrios comienzan a tornarse menos densos en construcciones, más verdes, y con casitas de cuento, con flores y jardines. Los alrededores del centro de la ciudad están repletos de bosques y espacios verdes.

Del Museo Vikingo pasé por el del Holocausto, una casa muy bonita rodeada de parque (a la que no entré porque las entradas no son económicas), y me tomé otro bus hasta el parque Vigeland, paseo obligado en esta ciudad.

Adolf Gustav Vigeland fue un escultor noruego muy reconocido, contemporáneo, que debe su fama al parque que lleva su nombre. En dicho espacio se pueden apreciar varias de sus esculturas. En su mayoría interpretan relaciones humanas cotidianas: parejas de amantes, niños jugando, padres e hijos, personas mayores y demás. El trabajo del escultor es magnífico, y el parque en sí es hermoso, todo perfectamente cuidado, lleno de canteros de flores que parecen plantadas con una regla, una escuadra y un transportador. También allí se encuentra un museo que expone más obras de su autoría. Después de apreciar las esculturas, y habiendo dormido muy poco, me uní a otros tantos y me tiré a dormir en el césped perfectamente cortado.

Volviendo para el lado del centro caminé por la Kogens Gate, una calle muy comercial, donde están las diferentes tiendas de ropa y otros accesorios. Luego pasé por la Catedral, donde en su placita almorcé una ensalada de supermercado (excelente opción gastronómica que ofrecen estas ciudades tan caras), y ya que estaba a un par de cuadras, caminé hasta el Palacio Real. La caminata es muy linda. Para llegar al Palacio desde la Catedral se pasa por el Parlamento y se camina por un boulevard lleno de fuentes, flores y esculturas, y de paso se puede apreciar también el edificio del Teatro Nacional que tiene una fuente muy linda y original. El Palacio y sus jardines son muy bonitos y austeros.

Una de las cosas que pude observar en Oslo es la utilización que hace la gente local del espacio público. Por ejemplo, los jardines del palacio real no son sólo para que los turistas saquen fotos, sino que los mismos habitantes los usan para comer, descansar, leer. Lo mismo que el parque Vigeland, y demás parques por los que pasé. Y otra cosa que define un poco la arquitectura de esta ciudad es que puede convivir desde la casita de Heidi, hasta el Palacio Real, los edificios del siglo que viene, y los de estilo imperial, con las iglesias de cúpulas verdes, y todo lo que se pueda encontrar en una ciudad (rica, claro está). Hay para todos los gustos. Oslo es cosmopolita a más no poder, al menos en su fachada.



La casa donde me alojé estaba ubicada en otro municipio que limita con Oslo, llamado Asker, a unos veinticinco km (18 minutos EXACTOS de tren). El pueblo es extenso, pero con poca densidad de población. Las construcciones son bajas, amplias y con jardines. Está ubicado frente al mar, atravesado por ríos y con mucha, mucha vegetación. El relieve es más bien irregular, con subidas, bajadas y curvas. Es un pueblo lindo y tranquilo, con unas vistas preciosas del mar y del fiordo donde se encuentra Oslo.

A la mañana siguiente comenzó el programa, con lo cual tuvimos actividades todo el día. Por la mañana tuvimos algunas charlas, y por la tarde nos llevaron a recorrer Oslo en auto. Visitamos el Museo Marítimo, donde vimos un vídeo de la historia marítima del país y sus diferentes ciudades y pueblos costeros (Noruega es un país cuyas principales actividades económicas provienen del mar, con el petróleo a la cabeza). Luego visitamos la famosa y vertiginosa pista de sky artificial, Holmenkollbakken, ubicada en una colina detrás de la ciudad de Oslo, que durante el verano funciona para hacer canopy, y en invierno se llena de nieve. Los noruegos están muy orgullosos de ese mastodonte de hierro que a mi parecer queda un poco desubicado entre tanta naturaleza. Después seguimos subiendo la misma colina hasta llegar a la cima donde hay un mirador de toda la ciudad y sus alrededores. El entorno natural de Oslo es bellísimo.

En cuanto a las relaciones sociales, ya de entrada uno percibe que el país no aloja a todos, al menos de la manera en que los latinos estamos acostumbrados a ser alojados, es decir desde lo afectivo. La vida en Noruega para el que no es noruego es bastante difícil, porque si bien la gente es solidaria y todo funciona bien, la pertenencia (en el sentido más subjetivo de la palabra) parecería basarse principalmente en haber nacido o no en ese país. Y eso se ve y se siente en la vida cotidiana, en no poder entablar vínculos más allá de la superficialidad o la conveniencia. En general a lo largo de mi corta experiencia de vida en ese país me sentí bastante sola. Y esto me trajo a la memoria una imagen de la Speaker Corner de Londres donde un negro, vestido de policía y con un cartel donde se leía "policía racial", decía algo así como “Si no sos inglés, y de raza aria, nunca vas a ser un inglés. Podés llegar a ser un negro, un chino o un judío nacido en Inglaterra, pero eso no es ser un inglés.”

Y paradójicamente (o no tanto), en Noruega el principal tema social es el de los inmigrantes y refugiados. En este sentido, el estado brinda asistencia a los refugiados por conflictos bélicos o cuestiones políticas. Los refugiados, luego de cumplir con determinados programas educativos y trámites burocráticos, o para usar un término menos feliz pero más apropiado, luego de un extenso proceso de aculturación, pueden acceder a la ciudadanía y a las ayudas sociales y económicas que brinda el estado. En este proceso de transformación a noruego, hay que dejar atrás lo que se trae, lo que se es. En algunas oportunidades es necesario hasta cambiarse el nombre para poder acceder a algún trabajo. No deja de sonar contradictorio. Esto es así con los refugiados, porque con los inmigrantes el trato es otro. Aquellos que llegan a Noruega por cuestiones económicas, porque en su país se mueren de hambre, o no tienen trabajo, no reciben estos beneficios socio-económicos estatales. Están más librados a su suerte.

Oslo es una ciudad que no me invitó mucho a quedarme. Así que el primer fin de semana que tuve libre me saqué un pasaje y me fui a la vecina Suecia, a visitar la grandiosa Estocolmo.


Recomendaciones:


  • Programa de Intercambio CIF (The Council of International Fellowship).
  • Tarjetas de crédito y débito: Se recomienda chequear antes de viajar con el banco emisor, ya que muchos comercios (sobre todo en Dinamarca) sólo aceptan aquellas tarjetas de crédito que tienen el chip electrónico. De lo contrario solicitan un número de PIN que hay que tramitar previamente con el banco (y no corresponde al mismo número para extracción de adelantos en efectivo).
Copenhague
  • Pasaje en tren desde el aeropuerto a la estación central (Københav H.): 36 coronas danesas, 15 minutos.
  • Urban House Hostel. Dirección: Colbjørnsensgade 11, 1652 Copenhague V. Impecable, digno de un Hostel europeo de la mejor estirpe. Aunque la atención muy poco cálida. Lo mínimo y necesario. 36 dólares la cama en habitación compartida.
  • Oficina de información turística de Copenhague. Dirección: Vesterbrogade 4A, 1620 Copenhague V. Es súper completa. Brindan mapas y folletería, y además hay computadoras para poder conocer bien la ciudad barrio a barrio y ver que cosas hacer en cada lugar.
  • SandesmanNew Europe. Tours a pie y a la gorra altamente recomedables. Los tours duran alrededor de tres horas y los guias son de primer nivel. También ofrecen otros tipos de tours económicos. 
  • Pasaje de Copenhague a Oslo por Swebus 389 coronas suecas. El bus nada del otro mundo. Los asientos chicos y poco reclinables. Con conexión wifi. 
Oslo
  • La oficina de información turística se encuentra en la estación central de trenes. Otro sitio web interesante y completo es www.visitoslo.com
  • Si se piensa viajar bastante en transporte público, los pases de transporte son más convenientes que los tickets individuales (pasaje en colectivo en Oslo 30 coronas noruegas, pase diario 90 coronas noruegas).
  • Museo Vikingo. Dirección: Huk Aveny 35, 0287, Oslo. 80 / 50 coronas noruegas la entrada (público general / estudiantes).
  • Parque y Museo Vigeland. Dirección: Nobels Gate 32, 0268, Oslo. Visita imperdible.
  • Pasaje de Oslo a Estocolmo por Norwegian Airlines alrededor de 120 dólares ida y vuelta.