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lunes, 14 de diciembre de 2015

Escandinavia Parte III



Reencontrarme con Copenhague fue aliviador. Además me recibió con sol. Copenhague es una ciudad hermosa y llena de vida.

Antes de viajar, y por esas casualidades que tiene la vida, conocí a Laura, una argentina que vivió muchos años en Copenhague y que actualmente se dedica al turismo receptivo en mi país, mayormente de turistas escandinavos. A través de ella me contacté con Celeste, una chilena que vive hace muchos años en Copenhague, y que, también casualmente, tiene una academia de tango. Para sentirme como en casa.

Así que de la estación de trenes me fui a lo de Celeste, quien me hospedó en esa maravillosa ciudad. Celeste es una mujer encantadora, no tengo más que palabras de agradecimiento. En los pocos días que compartimos juntas hicimos una linda amistad y aprendí mucho de ella. Además, nos une la pasión por el tango, que no es poco.

Por la mañana salimos a recorrer un poco la ciudad en auto y visitamos la tan famosa como pequeña estatua de La Sirenita, inspirada en el cuento de Hans Christian Andersen que lleva ese nombre. Luego pasamos por los jardines reales, hasta llegar al Palacio Real y la Iglesia de Mármol, a la cual en esta oportunidad pude entrar. También visitamos la Carlsberg Vej, que es una puerta de entrada a la vieja fábrica de la cerveza Carlsberg, que tiene la particularidad de tener dos estatuas de elefante de un tamaño considerable.

Por la tarde visité el famoso barrio de Christiania. Este barrio es "auto gobernado" por sus residentes, como forma de protesta frente al estado danés, la Unión Europea y demás. El predio que actualmente ocupa el barrio era terreno militar, y en 1971 fue tomado por un grupo de padres que querían un espacio libre para que sus hijos jugasen. A raíz de esa iniciativa comenzó todo un movimiento político cultural, que finalizó con la toma y ocupación de ese espacio. Actualmente el barrio se caracteriza por ser un barrio "libre" y gobernado comunalmente, y esa libertad implica también el consumo y comercialización de drogas blandas (lo cual está tratando de ser erradicado. Días antes de regresar a Copenhague, había leido que hubo un importante operativo policial en Christiania a raíz de la venta de drogas).

Christania actualmente es un barrio cerrado en la ciudad que ocupa varias manzanas, y donde se pueden consumir cualquier tipo de sustancias ilegales. El barrio es desprolijo, con casas precarias o venidas a menos, llenas de pintadas, grafittis y colores. Algunas son bares, otras espacios culturales, y otras simplemente viviendas. Es un barrio muy hippie, que conserva mucho del flower power, excepto por la mayoría de la gente que circula por el mismo, que nada tiene que ver con el hippismo. Dentro del barrio no están permitidas las fotos. Christiania cuenta con algunos espacios verdes, tan poco o menos cuidados que las construcciones. No sé si fue por ser sábado, pero el lugar estaba repleto de gente, muchos turistas, pero también muchos locales, sobre todo jóvenes. Y, de más está decirlo, todos y cada uno de ellos llevaba una botella de alguna bebida alcohólica en la mano (o dos, o tres). También había mucha gente fumando marihuana y otras sustancias.

En un momento me llamó la atención que había mucha gente parada alrededor de un puesto que estaba cubierto con una especie de cortina de papel, que permitía ver muy poco el otro lado. Me quedé esperando con ellos, pensando ingenuamente en que tal vez se presentaría algún espectáculo de títeres (si, eso pensé, en serio). Después, como no pasaba nada, me di media vuelta y vi que había muchos más puestos como ese con mucha gente esperando y haciendo fila, como para comprar pan caliente. Agudizando un poco la mirada, pude ver que detrás de la cortina de papel había una o más personas con capuchas, lentes, y demás objetos que impedían ver sus rostros, armando bolsitas y paquetitos. Y acto seguido vi que en cada puesto había carteles como "God's hachis", "Best Joint", "Hell's cake", y similares. Ahí me di cuenta que las decenas de personas no estaban esperando ninguna función de títeres, ni tampoco el pan caliente.



El domingo Celeste me llevó a Louisiana, un pueblo a unos 40 km de Copenhague, donde se encuentra unos de los Museos de Arte Contemporáneo más importantes de mundo. El Museo tiene una colección muy linda, y además se destaca por sus exhibiciones temporarias como ser, en aquel momento, la de Yayoi Kusama (muy en boga por estos tiempos), y una exposición de África que me resultó muy interesante. Además, el museo está ubicado frente a un mar calmo y transparente, lo que hace que el paisaje también sea parte de las obras de arte que se exponen. El camino entre Copenhague y Louisiana también es altamente disfrutable. Ya de regreso, me fui a pasear por el reflotado barrio de Vestebro. Este barrio solía ser de los más feuchos de la ciudad, según leí, y actualmente está lleno de bares y lugares para comer. Supongo que debe ser una suerte de Abasto danés. Muy bonito el nuevo Vestebro.

Copenhague es una ciudad que se puede recorrer caminando. Y de hecho creo que es la forma más linda de conocerla, porque cada calle tiene su encanto. Si bien las distancias entre sus principales atracciones son relativamente cortas, la ciudad invita a caminar más allá de llegar al lugar que se busca. También es una ciudad llena de espacios verdes. En otra de mis caminatas visité el Palacio Rosenborg y sus jardines, y el botánico, que queda justo enfrente. Los parques están hermosamente cuidados, y si  el día está lindo se puede ir a descansar un rato, tomar una cerveza o hacer un pic-nic. 

Otra de las lindas experiencias en esta ciudad fue ir a la milonga que organiza Celeste los días lunes en la Casa Latinoamericana. La pasamos súper bien, bailamos un montón y tuvimos una hermosa noche tanguera. La mayoría de la gente que estaba en la milonga eran daneses, lo cual me resultó agradable. En Noruega los espacios "extranjeros" en general no son frecuentados por noruegos, lo cual da una sensación de exclusión, de refugio. En Dinamarca por lo que pude ver, los espacios son más compartidos, por lo que me impresiona más multicultural, más abierta e inclusiva. Los daneses en general son relajados y amables, y hacen que uno se sienta cómodo. 

Y Copenhague es de esas ciudades donde uno se deja cosas pendientes a propósito, para tener una excusa para volver.  


Recomendaciones:
  • En Copenhague la mayoría de los museos cierran los lunes.
  • Museo de Arte Contemporáneo de Louisiana. Dirección: Gl Strandvej 13, 3050 Humlebæk. Entrada 115 coronas danesas. Es un museo muy lindo y su ubicación es privilegiada. La cafetería ubicada en el museo es muy bonita. Recomiendo probar el frokost (es una especie de bruschetta danesa).
  • Para bailar tango en Copenhague: Milonga en la Casa Latinoamericana (días lunes). Además ofrecen otras actividades culturales. Dirección: Høffdingsvej 10, 2500 Valby.
  • Laura Ratto (antropóloga que se dedica al turismo receptivo en argentina). www.buenosairespadansk.com / https://www.facebook.com/buenosairespadansk
 
 
 

viernes, 1 de mayo de 2015

Ecuador Parte I: de pasada por Quito, con destino final en las Islas Galápagos

Ecuador fue un destino elegido casi por descarte. Mientras barajábamos algunas posibilidades de vacaciones y evaluábamos presupuestos, TAME, la aerolíneas ecuatoriana, sacó de la galera una promoción que nos llevaba a Quito y a las Islas Galápagos por sólo 6500 pesos. No lo dudamos mucho. Y si bien mi expectativa no era muy alta, Ecuador llegó a superarla con creces, y a demostrarme una vez más que viajar sin muchos pre conceptos puede ser una idea fantástica. 

Llegamos a a Quito casi a media noche, luego de seis horas de viaje. Media hora más tarde ya estábamos instalados en nuestro hostal ubicado en el barrio La Mariscal, un barrio muy lindo y moderno, lleno de bares y boliches. Una especie de Palermo, en términos porteños. El epicentro del barrio es la Plaza Foch, alrededor de la cual se encuentran muchos bares y lugares de oferta de servicios turísticos. La calle donde estaba ubicado nuestro hostal era muy bonita y por suerte silenciosa, a diferencia de otras calles de la zona.

El primer día en Quito nos fuimos directo para el Centro Histórico. Desde La Mariscal se puede viajar con el trolebús que circula por la Avenida 10 de Agosto, o bien con el ecovía que circula por la Avenida 6 de Agosto. El transpore público en Quito es económico (25 centavos de dólar el pasaje en trolebús, ecovía o bus), y sencillo. Hay varias líneas de ecovías y troles que atraviesan toda la ciudad.

En el centro histórico hicimos dos visitas importantes: la Iglesia de la Compañía de Jesus, y el Palacio Presidencial.

La Iglesia de la Compañía de Jesus es impresionante. Desde el punto de vista arquitectónico, está a la altura de las iglesias más hermosas del mundo (por lo menos de las que yo conocí). En Quito, este lugar es de visita obligada. La construcción es de estilo barroco, con un nivel de trabajo y detalle exquisito, toda recubierta con oro. Es una verdadera joya. Luego fuimos al Palacio de Carondelet o Palacio Presidencial, que ofrece visitas guiadas gratuitas. El paseo vale la pena.

El recorrido por el centro histórico siguió por la calle La Ronda, una callecita estrecha y muy bonita, la Plaza e Iglesia de San Francisco, y demás calles coloniales. Lo que llama poderosamente la atención es la cantidad de iglesias que hay en las pocas cuadras que ocupa este barrio. Según nos dijeron, sólo en el centro histórico hay veintitrés iglesias. Y para resaltar aún más el perfil religioso de esta ciudad, hay una calle llamada De las siete cruces, porque a lo largo de ella (que no es necesariamente larga) se pueden encontrar siete iglesias.

En esta parte de la ciudad también se observa una gran oferta gastronómica, y para todos los gustos: desde carros de venta de comida al paso, hasta menúes  muy baratos y lugares más exclusivos.

Quito, o más precisamente su centro histórico, es una de las ciudades coloniales mejor conservadas, a lo que se le suma una geografía muy bella, de montañas repletas de casitas de colores, lo que hace aún más pintoresca esta ciudad.

En la visita a la Compañía de Jesus conocimos una pareja, él ecuatoriano y ella venezolana, que viven en España y estaban de visita. Estuvimos conversando unas cuadras, y nos llevaron a conocer un bar un poco escondido llamado Vista Hermosa, que tiene una terraza desde donde se puede apreciar el centro histórico y los alrededores. Un lugar muy bonito que hace honor su nombre.

Por la tarde, para refugiarnos de una lluvia que cada vez se hacía más intensa, nos tomamos un café en la heladería/cafetería Caribe, que me pareció muy auténtica. Ya entrada la noche, y por la Semana Santa, fuimos al Museo de la Ciudad donde había un espectáculo de música sacra, en el cual duramos quince minutos. 




La Semana Santa en Quito parece ser uno de los eventos del año. Desde la semana anterior se ofrecen diversas actividades, como conciertos y otros espectáculos. Ya en los días de Semana Santa hay un extensa agenda de actividades y procesiones a lo largo de toda la ciudad. Quito, y Ecuador en general, es un país católico donde la práctica de la religión está a la vista.

Ya de regreso en La Mariscal, y por recomendación de una empleada del hostal, fuimos a cenar a un lugar en apariencia no turístico, llamado Las Menestras de la Almagro. Debo decir que regresamos en otras ocasiones ya que comimos muy rico y abundante, y a precios muy enconómicos (sobre todo por estar ubicado en La Mariscal).

Al día siguiente, temprano partimos para las Islas Galápagos. Nuestro vuelo salió con dos horas y media de retraso, con lo cual aterrizamos en el aeropuerto de Baltra por la tarde. Del aeropuerto un micro de la misma compañía aérea nos llevó a un muelle, donde por un dólar nos cruzaron en lancha a la Isla de Santa Cruz. Luego, por dos dólares más y una hora de viaje, un bus nos dejó en el centro de Puerto Ayora, la "ciudad" más importante de las Islas Galpágos. También se puede conseguir un taxi en el mismo lugar donde esperan los buses, pero el viaje es bastante más caro (18 dólares).

Puerto Ayora es un típico pueblo de mar dedicado mayormente al turismo. Si bien, según nos contaba un lugareño, creció mucho en los últimos  años (actualmente tiene 18000 habitantes), sigue siendo un lugar muy tranquilo y seguro. También nos contó  que para vivir allí, o en cualquiera de las islas del archipiélago, hay que ser descendiente de locales, o bien tener un contrato de trabajo. No se puede comprar ni alquilar propiedades sin esta condición.

En Puerto Ayora nos alojamos en un Hostal llamado Dove, un tanto alejado del centro, pero muy económico para los precios que se manejan en las islas. Lo bueno es que las distancias, además de ser en general cortas, no son un problema para transportarse ya que los taxis cobran una tarifa fija de un dólar para ir y volver de cualquier punto de la parte baja de la isla (lo que sería la zona céntrica de Puerto Ayora). 

Apenas dejamos las cosas en el hostal y ya con la tarde casi perdida, fuimos a conocer la Laguna de las Ninfas, una laguna rodeada de manglares, con una pasarela para recorrerla, ubicada en el centro de la ciudad. De allí fuimos al Centro de Interpretación Charles Darwin, para conocer el criadero de tortugas gigantes. Nada muy sorprendente, a excepción del tamaño de esos animales. El tema es que como ahí están en cautiverio, no sé si me resultó tan atractivo. También pasamos por una pequeña playa cerca del centro de interpretación, que estuvo bien para apagar el calor que teníamos. El mes de marzo es muy caluroso. 

Ya de regreso para la zona del centro, averiguamos por excursiones en algunas de las tantísimas agencias de turismo que hay, y luego nos fuimos a cenar a una calle llamada "la calle de los kioskos". Esta calle, transitable durante el día, por la noche se cierra y se convierte en un gran comedor donde diversos restaurantes ofrecen menúes económicos (a diferencia de la zona de la costanera, donde los precios son bastante más elevados). 

Al día siguiente conocimos Tortuga Bay, una playa extensa, de arena blanca y agua celeste, que no tiene nada que envidiarle al Caribe. Tal vez el Caribe pueda envidiarle que esta playa es agreste, llena de especies de animales que viven y circulan libremente. Vimos iguanas marinas tomando sol, cangrejos de todos los colores y tamaños, aves, pelícanos . La verdad que es una belleza. Nos quedamos en una playa llamada la mansa, donde hay manglares y arbolitos donde refugiarse del tajante sol. Tortuga Bay se encuentra alejada del centro de Puerto Ayora, como la mayoría de las playas allí. Para llegar hay que hacer una caminata de poco menos de una hora, por un sendero perfectamente delimitado y en excelente estado.




Por la tarde hicimos otro paseo a un lugar llamado Las Grietas, que es una falla que forma dos paredones altos y angostos de piedra, donde se filtra agua de mar. Un lugar ideal para nadar y hacer snorkel. El agua era un poco fría, pero igual es un lugar hermoso. De regreso nos detuvimos en una playa pequeña y bonita, llamada De los alemanes, donde nos quedamos mientras atardecía.

Para ir del muelle de Puerto Ayora hasta Las Gietas y la Playa de los Alemanes se puede tomar una lancha y en cinco minutos se cruza a otro muelle desde donde se camina unos pocos metros para llegar a esas atracciones. El pasaje cuesta 60 centavos de dólar por persona. Hay agencias que ofrecen excursiones de medio día que incluyen esos lugares y otros pocos más, y cobran alrededor de 30 dólares por persona. Si no se cuenta con mucho dinero para destinar a excursiones, estos paseos es conveniente hacerlos por cuenta propia, ya que la diferencia en dinero es mucha. Además, se puede permanecer más tiempo en la playa o en Las Grietas, sin estar atado al horario de una excursión.

El sol en las Galpágos es fulminante. Si no se toma la precaución de estar cubierto o de ponerse un protector muy alto, se la puede llegar a pasar muy mal (como le pasó a mi novio). Es importante tener en cuenta esto, y tomar las medidas necesarias antes de iniciar algún paseo.

A la mañana siguiente partimos bien temprano para otra isla, Isabela, en una excursión previamente contratada en Puerto Ayora. La excursión terminaba a las tres de la tarde y regresaba a Puerto Ayora alrededor de las cinco, con lo cual eran pocas las horas que efectivamente íbamos a estar conocienodo Isabela, así que hicimos un pequeño arreglo con la agencia para que nuestra vuelta fuera al día siguiente por la tarde, y poder disfrutar un poco más sin estar a las corridas. También existe la opción de viajar de una isla a otra por sin contratar excursión alguna. Las lanchas salen por la mañana y por la tarde (conviene chequear bien los horarios), y el pasaje sale 30 dólares por tramo.

El viaje a Isabela son dos horas en un barquito muy pequeño que se mueve que da calambre. No la pasé muy bien, la verdad que llegué muy mareada. La excursión contratada consistía en visitar una laguna con flamencos, después un lugar de crianza de tortugas, para finalizar con un paseo en bote por otras isletas para ver fauna: tintoreras, lobos marinos, pingüinos, piqueros de patas azules y demás. Al final de la excursión nos dejaban un tiempo para hacer snorkel. Por mi experiencia, como todas las excursiones contratadas, lo más interesante fue el snorkel y el recorrido con el barco para divisar fauna, y el resto fue puro relleno. Y como siempre, el relleno fue lo que más tiempo ocupó de la excursión. Igual estuvo bien. La verdad es que las agencias ofrecen otras excursiones dedicadas al snorkel y otras actividades acuáticas, pero son bastante saladitas, así que hay que elegir. 

Puerto Villamil, la población de la isla Isabela  es mucho más pequeña, rústica y  menos armada que Puerto Ayora. Las playas son muy lindas, y lo bueno es que están ubicadas cerca del pueblo, lo cual es una ventaja ya que se puede acceder en cualquier momento del día.

Por la tarde alquilamos unas bicis (3 dólares la hora) y nos fuimos por un sendero que va del centro del pueblo hasta un lugar que se llama el Muro de las Lágrimas. No llegamos al muro porque ya se nos hacia tarde, pero pasamos por lugares muy lindos, playas y senderos. Además el camino en sí mismo es muy bonito para hacer, ya sea en bicicleta o caminando (son aproximadamente 5 kilómetros de ida. Si bien es poco, parte del camino es de arena, con lo cual requiere de cierto esfuerzo). 

Por lo general tanto en  Santa Cruz como en Isabela, las atracciones tiene un horario, el cual en su mayoría es desde muy temprano a la mañana, hasta las 17, 18 horas. 

Para comer barato siempre es recomendable hacerlo en los lugares más alejados de la costanera (lo cual son dos o tres cuadras, no mucho más). En Isabela hasta el mediodía funciona el mercado, donde sirven platos abundantes de desayuno y almuerzo a muy buen precio.




Al día siguiente, después de probar un desayuno típico en el mercado del pueblo con bolones (que son unas bolas de plátano y queso), huevo y licuado de avena con frutas, fuimos a un lugar cercano al muelle llamado Concha Perla, que es una pileta natural de agua transparente rodeada de manglares, ideal para hacer snorkel. Allí estuvimos toda la mañana hasta que llegó el momento de dejar la isla, a eso de las tres de la tarde. Si el viaje de ida fue movido, el de vuelta fue mucho peor.

De regreso en Quito, y con poco tiempo ya que a la noche partíamos para la selva, nos fuimos a visitar el museo de Guayasamin. Guayasamin fue un pintor y escultor ecuatoriano contemporáneo que reivindicó con su arte a las culturas nativas y los grupos más desfavorecidos. Toda su obra está basada en la protesta social, y muestra el sufrimiento de distintos grupos y pueblos. La verdad que la obra es de una belleza sublime. El museo es lo que fue su hermosa casa, donde el pintor vivió los últimos años de su vida. Allí se exhibe una colección de obras de diferentes artistas y culturas, desde arte sacro, esculturas pre colombinas y cuadros de artistas conocidos, entre otras cosas, que Guayasamín fue adquiriendo a lo largo de su vida. También está su taller, con algunas obras terminadas y otras inconclusas Al lado de la casa se encuentra la Capilla del Hombre, una construcción enorme donde se exhibe la obra más importante del pintor. Este paseo es de lo mejor de Quito.

De allí nos fuimos a tomar unos canelazos (bebida caliente a base de jugo de naranjilla, canela y caña) a la calle de la Ronda. A partir de las siete de la tarde, cuando baja el sol y los bares abren sus puertas, esta calle es el lugar ideal en el centro histórico para tomar unas copas y escuchar algo de música en vivo. A la noche partimos en bus rumbo a Lago Agrio, para hacer una excursión a la Reserva del Cuyabeno, en la cuenca del Amazonas. 

Recomendaciones y datos útiles

  • TAME Línea Aérea del Ecuador 
Quito
  • Hostal Posada del Maple. Dirección: Calle Padre Juan Rodríguez E8 - 49, La Mariscal. Es una casa antigua bien conservada. Las habitaciones no son muy lindas, no tienen ni calefacción ni aire acondicionado (nosotros pasamos bastante frío). También tuvimos una mala experiencia con el personal, ya que una noche no nos dejaron utilizar el teléfono (con cobro revertido) para llamar a un médico. El precio de la habitación doble con baño privado y desayuno es de 37 dólares (aceptan tarjeta de crédito con un 12% de recargo). A juzgar por los precios de Ecuador y por la calidad del hostal no resultó económico. La ventaja que tiene es que está muy bien ubicado, y tienen guarda equipajes. 
  • Taxi del Aeropuerto Mariscal Sucre al barrio La Mariscal 25 dólares.
  • Iglesia de la Compañia de Jesús. Dirección: Calles García Moreno y Sucre, Centro Histórico. 2 dólares la entrada para estudiantes o 4 dólares para el público general. La entrada incluye una visita guiada, pero no la ofrecen si no se pregunta.
  • Palacio Carondelet. Ofrece visitas guiadas gratuitas para lo cual hay que anotarse previamente en una cabina ubicada junto al Palacio. Es importante llevar alguna identificación.
  • Vista Hermosa. Dirección: Calle Mejía oE4 - 45, Centro Histórico. Un bar muy lindo, con una terraza mirador para apreciar la ciudad de Quito.
  • Las Menestras de la Almagro. Dirección: Calle Diego de Almagro N24 - 15, La Mariscal. Excelente comida, muy abundante, y precios económicos. Se puede comer por 4 dólares por personas.
  • Café Taita Pendejadas. Dirección: Calle Morales oE - 384, Centro Histórico. Un lindo y acogedor reducto en la calle de La Ronda para tomar unos canelazos y escuchar música en vivo.
  • Museo Guayasamín y Capilla del Hombre. Dirección: Calle Mariano Calvache E18 - 94, Bellavista. Entrada general 8 dólares (con visita guiada tanto en el museo como en la capilla). Imperdible.
Islas Galápagos
  • Para el ingreso a las Islas Galápagos pagamos un impuesto en el aeropuerto de Quito de 20 dólares, y luego la entrada al Parque Nacional de 50 dólares. Dependiendo de la nacionalidad, la tarifa puede ser mayor o menor. Además hay que hacer un pre-registro en la web del Gobierno de las Islas. Para más información http://www.gobiernogalapagos.gob.ec/
  • Para mayor información sobre las islas y las visitas que se pueden realizar: http://www.galapagospark.org/
  • Hostal Galápagos Dove. Dirección: Barrio Matazarno entre el Coliseo cerrado y la pista de patinaje (si, ésta es la dirección). 30 dólares la habitación doble con baño privado. El hostal es sencillo, pero la atención es muy cálida y amable. 
  • Calle de los Kioskos. Dirección: Binford y Baltra. El lugar ideal en Puerto Ayora para comer menúes económicos. Funciona por la noche.
  • Excursión a Isabela con Tintoreras (desde Puerto Ayora) , con pasaje de vuelta abierto, 130 dólares. La contratamos en la Agencia Los Viajes de Darwin, que si bien nos atendieron muy bien a la hora de vendernos la excrusión, ésta fue bastante desorganizada. De todas maneras, nos dió la impresión que las agencias de Puerto Ayora contratan a las de Puerto Villamil para las excursiones en Isabela, con lo cual no se puede saber a ciencia cierta como va a resultar. Tal vez son todas lo mismo.
  • Gran Hostal Tintoreras. Pagamos 40 dólares la habitación doble con aire acondicionado, porque amenazamos con irnos (nos querían cobrar 60). El hotel es precioso. Las habitaciones son nuevas y amplias, y la ubicación es excelente. El desayuno lo cobran aparte y lo sirven muy temprano.

Ecuador Parte II: Amazonas y Semana Santa en Quito

Luego de una viaje de siete horas desde Quito, llegamos a Lago Agrio. Allí tuvimos que esperar CUATRO HORAS a que nos pasara a buscar otro bus para llevarnos hasta la entrada de la Reserva de Cuyabeno. Evidentemente la coordinación de los tiempos entre los pasajeros que viajan en bus público, avión y bus privado no está aceitada todavía por las agencias de turismo (todas estaban en la misma situación). El viaje siguiente duró unas dos horas, y luego nos subimos a una canoa con motor que nos adentró en la Reserva del Cuyabeno, hasta llegar al Guacamyo Lodge, el lugar que nos alojó en la selva amazónica. El viaje en lancha fueron otras dos horas más, pero mucho más interesantes por el entorno selvático y la fauna que íbamos viendo en el camino.

La Reserva Faunística del Cuyabeno es un parque nacional situado en la cuenca del río Amazonas. Su nombre lo da el río que la atraviesa, el Cuyabeno, y es una zona de río y selva. Esta reserva es parte del ecosistema más extenso llamado Amazonía, y que incluye regiones de Ecuador, Colombia, Perú y Brasil.

Una vez que uno se instala en el lodge prácticamente pierde conexión con el mundo. No hay internet, ni tele, ni radio, ni teléfono, ni negocios, ni nada. Hay luz sólo de 19 a 22 hs. Y luego la selva, sus sonidos y sus luces.

El Guacamayo Lodge estaba muy bien, a no ser porque las habitaciones no son tan privadas. Están separadas sólo paredes que no llegan hasta el techo (lo mismo que los baños), con lo cual se podía escuchar hasta cuando el vecino se daba vuelta en la cama. En relación al servicio y las comidas, todo fue excelente.

Luego del primer almuerzo nos subieron a un bote junto a dos chilenos para remar hasta una laguna donde se podía nadar, y donde contemplamos un hermoso atardecer en la cuenca del Amazonas. Ya de noche volvimos remando sólo iluminados por la luz de la luna y acompañados por el sonido de la selva. En el camino vimos un caimán negro, especie dificil de encontrar. Estuvo muy lindo el paseo. Luego cenamos, y a las diez de la noche, como nos habían dicho, todo quedó a oscuras (aquí la electricidad se obtiene por paneles solares con lo cual hay que usarla sólo lo necesario).




Al día siguiente por la mañana hicimos una caminata de unas dos horas por la selva, para apreciar flora y fauna. Flora vimos mucha, fauna casi nada. Luego de la caminata nos dimos un chapuzón desde el bote para apagar el calor, y seguimos viaje hasta el Lodge para el almuerzo. Por la tarde hicimos una nueva navegación que se extendió hasta que empezó a oscurecer, para buscar fauna. Ahí si vimos algunas especies interesantes, como ser aves y serpientes.  Aquí la mayoría de la gente que trabaja para los lodges pertenecen a alguna comunidad aborigen. Nuestro guía, por ejemplo, pertenecía a una comunidad Kichwa. Es muy interesante ver la relación que tienen con la selva. Pueden distinguir un pajarito diminuto en la copa de un árbol a muchísimos metros de distancia, con la lancha en movimiento. Creo que me llamó más la atención eso que los mismos animales. 

El último día paseamos nuevamente en lancha durante un largo rato en el cual pudimos ver monos, uno muy chiquito, del tamaño de una mano llamado leoncillo, tucanes, otros pájaros, boas y el delfín de río. Luego seguimos viaje hacia una comunidad Siona, donde nos esperaban para mostrarnos como se prepara el casabe, el plato típico de esa comunidad que consiste en una tortilla de yuca (mandioca). De allí nos fuimos a visitar un chamán y luego a otra comunidad Siona. Sinceramente no me pareció interesante ni la visita a las comunidades, ni al chamán. Se notaba que estaba todo preparado, nada auténtico, a no ser por las casillas donde viven. 

Para los que como yo no son tan amantes de la vida silvestre, el programa de tres noches se hace un poco extenso. Las actividades son bastante reiterativas, porque justamente consisten en buscar y apreciar flora y fauna. El tema es que también es mucho viaje hasta allá, por lo menos desde Quito, con lo cual al menos dos noches es conveniente quedarse. Ahora, para los amantes de todo esto, hay programas aún más extensos. 

El día siguiente fue bastante largo y tedioso. El viaje de vuelta llevó doce horas entre canoa (donde encima nos llovió torrencialmente las casi dos horas de viaje) y buses. El camino es bellísimo, todo de montaña y selva, pero no pude disfrutarlo como hubiese querido ya que estuve todo el viaje con fiebre y cuando llegué a Quito no tuve más opción que llamar a un médico. Por suerte me curó enseguida, y no tuve que perder ni un día en la cama.




El día siguiente, viernes Santo, tuvimos la fortuna de estar en Quito. Acá la Semana Santa es una festividad muy importante, llena de diversas actividades para hacer, y que convoca muchísima gente. Al mediodía nos fuimos directo para el centro histórico para ver la procesión de Jesús del Gran Poder, la más importante de esta festividad. El centro estaba repleto de gente, una multitud había tenido la misma idea que nosotros. No pudimos alcanzar a ver mucho de la procesión, salvo algunas capuchas violetas de "cucuruchos", que son unos personajes de los cuales la gente se disfraza. Son una especie de ku klux clan de color violeta, que por lo que pude investigar, remiten a los penitenciados por la Inquisición, y se utilizan para imitar los escarnios de Jesús camino a la cruz. Algunos cucuruchos cargaban cruces, otros simplemente caminaban, y otros llevaban altares, o arrastraban cadenas con los pies. También había músicos y oradores. Pese a que no pudimos apreciar del todo bien la procesión, resultó muy interesante vivir esta festividad en esta ciudad tan devota.

Ya entrado el mediodía, nos fuimos a comer el plato típico que en Ecuador sólo se prepara en la Semana Santa: la fanesca. Básicamente consiste en un guiso, que se prepara con doce granos diferentes, que representan a los doce apóstoles y a las doce tribus de Israel, bacalao salado que representa a Jesús, y además lleva queso y huevo. Existen también otras explicaciones respecto al origen y significado de este plato, con lo cual se puede optar por la que más guste. Lo que sí, todas acuerdan en que es un plato exclusivo de esta festividad. En el Centro Histórico se pueden encontrar locales gastronómicos muy económicos. Por menos de tres dólares se puede comer un menú con entrada, plato principal y jugo, y quedar más que satisfecho. 

Finalizado nuestro almuerzo nos fuimos a la terminal de buses para viajar a un pueblo que se llama Otavalo, donde todos los sábados se realiza una enorme feria de artesanías, animales, y comidas, que abarca todo el pueblo.


Recomendaciones y datos útiles


  • Gulliver Expeditions. Tour a la Reserva del Cuyabeno 4 días/3 noches 230 dólares (se puede pagar con tarjeta de crédito agregando un 6%). Tienen además de los tours a la selva, otras excursiones. Quedamos muy conformes con la atención y con el precio. Además tienen la opción de contratar un bus privado para el tramo Quito - Lago Agrio (ida y/o vuelta), que sale desde La Mariscal y finaliza en el lugar de Lago Agrio donde las agencias de turismo recogen a los pasajeros (15 dólares por tramo). 
  • Guacamayo Lodge. Los lodges se contratan a través de diferentes agencias de turismo, o bien por cuenta propia. El lodge que se contrata no sólo incluye el alojamiento, sino también las comidas, las excursiones, los guías, y demás servicios (botas, ponchos para la lluvia, elementos para la observación de animales, entre otras cosas). Nosotros fuimos al Guacamayo y nos resultó muy bien. Si bien las habitaciones son rústicas (como estimo deben ser las de cualquier lodge de ese precio), la atención, la comida y las excursiones fueron excelentes.
  • Restaurante El Chef Ejecutivo. Dirección: Calle Flores N5 - 28, Centro Histórico, Quito. Excelente fanesca. Menúes entre 2 y 3 dólares (sopa, plato principal y jugo).