Páginas

miércoles, 20 de marzo de 2013

Playas Tailandesas: Koh Phi Phi y Phuket





De Siem Reap viajamos nuevamente a Bangkok, pero sólo de pasada porque nuestro destino final eran las playas del mar de Andamán. El cruce de frontera Camboya-Tailandia fue bastante pesadito. Nosotros compramos un paquete para que nos llevaran directo a Bangkok, pero como todo acá es al estilo “lo atamos con alambre”, nos dejaron en la frontera diciéndonos que después de migraciones “alguien nos estaría esperando”. A todo esto nuestro único pasaje era un sticker rojo pegado en la remera. Así que después de la hora y monedas de cola en migraciones con 50 grados a la sombra y todo el exceso de equipaje, rogamos que efectivamente alguien nos estuviese esperando. Y por suerte así fue. Era una combi miniatura que en poco más de 4 horas de viaje nos dejó en Bangkok. En definitiva uno siempre llega a destino.

Al día siguiente, de Bangkok tomamos un micro nocturno, que no podíamos creer que tuviese todas las comodidades de un micro. Llegamos a la localidad costera de Krabi por la mañana y de ahí tomamos un barco rumbo a Koh Phi Phi Don.


Rumbo a Koh Phi Phi Ley
Koh Phi Phi, o Phi Phi a secas, es una de las joyitas de Tailandia. Fue una de las islas más afectadas por el tsumani del 2004. Toda la isla quedó destrozada y casi el 50% de la gente que se encontraba en ese momento en la isla murió o desapareció. Realmente un desastre. Y la verdad que estando ahí a uno se le cruza por la cabeza cada tanto “¿y si ahora viene un tsunami??”. Pero por suerte no vino ninguno. Esta isla está absolutamente preparada y destinada al turismo, sobre todo al turismo de reviente joven primer mundista. Hay bares por todos lados, y fiestas en la playa hasta altas horas de la noche. También hay muchos, pero muchos negocios de tatuajes, para aquellos que se alcoholizan de más. Y por supuesto los nunca tan bien ponderados negocios de masajes, algunos de ellos con el final feliz correspondiente.


De Phi Phi hicimos una excursión a una isla que se llama Koh Phi Phi Ley. Hicimos snorkel y kayac, y finalmente visitamos la famosa Maya Bay, donde se filmó la película “The Beach” (esa de Leonardo Di Caprio). Realmente es un paraíso.


El resto de los días en Phi Phi hicimos playa, salimos a la noche y descansamos, después de tanto traqueteo asiático. El tiempo estuvo bastante nublado, y con algunas lloviznas, pero nada que impidiese que fuésemos a la playa. Las playas son muy bonitas, pero sinceramente para mi, el Caribe o Brasil no tienen nada que envidiarles. De hecho, prefiero mucho más la onda latina que el reviente europeo y yankee. Pero igual lo disfrutamos mucho y el lugar es realmente bello.



Koh Phi Phi Ley - Maya Beach


De Phi Phi partimos para Phuket. Pero en el medio tuvimos que pasar un altercado con nuestro equipaje. Resultó ser que llegamos temprano a tomar el barco, con lo cual dejamos las cosas allí y nos fuimos a desayunar. Mientras desayunábamos, vimos que nuestro supuesto barco ya no estaba. Fuimos a hablar con la persona de la agencia que nos había indicado cual era el barco, y resultó que “nuestro” barco con nuestras valijas ya se dirigía rumbo a Krabi. Así que tuvimos que empezar a pensar estrategias junto con la tailandesa. Finalmente el equipaje volvió a nuestras manos. Moraleja: jamás hay que separarse del equipaje, y menos confiar en una persona con la cual uno prácticamente no se puede comunicar.

Phuket es una ciudad que no tiene absolutamente nada. Las playas están a unos 15 km promedio, pero nos quedamos ahí porque las ciudades costeras son muy caras para alojarse y demás. 

En los dos días que estuvimos conocimos dos balnearios: Patong y Kata. Patong no me gustó para nada. Es una ciudad destinada a europeos y similares con alto poder adquisitivo y ganas de cometer excesos. La playa no es muy linda y es una ciudad destinada al consumo voraz de todo lo que uno pueda imaginarse: comida, joda, alcohol, hoteles caros, masajes, sexo (con mayores y menores), tatuajes… todotodotodo. Yo sólo consumí un Big Mac y fui muy feliz. Al margen de eso, nada que rescatar. Kata es bastante diferente. Es un balneario mucho más exclusivo, lleno de resorts y hoteles preciosos y carísimos (Club Med, Hilton, etc.), y la playa es realmente bella. Pasamos un día hermoso, previo a tomar el avión para regresar por tercera vez a Bangkok, esta vez ya para despedirnos del Sudeste Asiático.


Igual, si hay algo que tengo que rescatar de Phuket, es que encontramos un spa que aceptaba tarjeta de crédito, así que todas las noches terminábamos haciéndonos masajitos tailandeses para relajarnos. Un lujo.

La verdad que me encantó haber conocido todos estos lugares, y esta cultura tan diferente a la nuestra. Los lugares que visitamos me partieron la cabeza. Y la gente, sobre todo en Vietnam y Camboya, es impresionante. Creo que sus sonrisas, su amabilidad y su alegría es una de las cosas que más me llevo de todo esto.

Y creo que a lo largo del viaje fuimos derribando varios mitos también. Rompimos absolutamente todos los mandamientos: nos lavamos los dientes con agua de la canilla, tomamos bebidas con hielo, comimos frutas y ensaladas… Y no nos pasó nada! Me parece que se exagera mucho en relación a eso.


Recomendaciones

  • Apache Beach House en Koh Phi Phi. Es lo más económico que conseguimos en la isla en la categoría hotel (caro, si lo comparamos con lo que veníamos pagando). Está muy bien ubicado, sobre la playa y al lado del centro. Las habitaciones son muy lindas. Puntos en contra: no limpian las habitaciones excepto que uno insista (y a veces ni así), no aceptan tarjeta de crédito, no sirven desayuno, y el personal deja bastante que desear.
  • Restaurante Tom Yan en Koh Phi Phi. Es el mejor lugar donde comimos en la isla. La comida es excelente y económica, y está abierto hasta tarde (23 hs.).
  • Garlic Resto en Koh Phi Phi. Es uno de los lugares más económicos para comer, y la comida es muy buena. Hay platos asiáticos y comida occidental.
  • Rolling Stoned Bar. Ubicado en el centro de la isla, en un callejón. Es un bar distinto al resto. Tocan bandas en vivo que hacen covers de rock, hay pool y buen ambiente. El personal es muy amable.
  • Anda Spa en Phuket. www.andamassageandspa.com. Es un centro de masajes y otros tratamientos ubicado en el centro de Phuket. Es muy lindo, económico y aceptan tarjeta de crédito.



martes, 19 de marzo de 2013

Camboya parte II: Siem Reap y la majestuosidad del Angkor





Siem Reap nos resultó igualmente encantadora que Phnom Penh. Después de un viaje en micro de aproximadamente 7 horas (nos habían dicho 6, lo cual estuvo muy bien para los parámetros camboyanos), llegamos. Del viaje en micro no voy a hablar, acá es todo muy precario, desde los vehículos, las rutas, como maneja la gente. Me hizo acordar a Guatemala, aunque por los menos viajamos en micros donde a cada asiento le correspondía una y sólo una persona.


Siem Reap es la ciudad desde donde se visitan los templos de Angkor, la octava maravilla del mundo, así que apenas llegamos nos encargamos de contratar la excursión de dos días que, obviamente como es costumbre acá, fue en tuk tuk.

Esta ciudad es chiquita, tiene un centro muy lindo lleno de barcitos y lugares para comer. También se nota como reflota la pobreza cuando hay turistas cerca: hay gente pidiendo plata, muchos chicos pidiendo y vendiendo, y muchos más adentro del complejo de templos. Pero bueno, Camboya es un país muy pobre, que renació después del régimen de Pol Pot hace apenas pocos años, así que era de esperar algo así. Igual no deja de ponerme triste ver a los nenes tan chiquitos cargados de cosas para vender, persiguiéndote por los templos.

Los Templos de Angkor son un conjunto de construcciones que datan del siglo XII, cuando el rey que estaba en ese momento (que no recuerdo el nombre, es difícil) quiso construir algo para dejar a Camboya en la historia. Y lo hizo. Después reyes posteriores continuaron la obra Es algo impresionante. Las construcciones son espectaculares, de un nivel de detalle increíble. Y la inmensidad del predio no se puede creer. Obligadamente hay que hacerlo en un vehículo, sino tenés que estar un mes. Son kilómetros y kilómetros. Hay valientes que se animan a hacerlo en bicicleta también.

Las entradas se pueden comprar para uno, dos, tres días, y no sé si más. Nosotros contratamos el pase de dos días. El primer día nos levantamos a las cuatro de la mañana (¡!) y nos fuimos a ver como amanecía con la vista del templo principal, el Angkor Wat. Fue muy bello. 

De ahí empezamos una recorrida que duró unas ocho horitas, por los templos de Angkor Wat (el de la foto conocida por todo el mundo), Angkor Thom (donde están los templos de Bayon, Baphuon, Phimeanakas, la Terraza de los Elefantes y la Terraza del Rey Leproso), Thommanom y Chau Say Thevoda, Ta Keo, Ta Prohm y Banteay Kdei. Los que más me gustaron fueron obviamente el Angkor Wat, Bayon (que son todas pirámides con caras gigantes hechas en la piedra), y Ta Prohm, donde se ven los árboles crecidos sobre las construcciones, con las raíces enredadas en todas las paredes y techos.

También en Bayon nos dimos el gusto de pasear en elefante. No sé si me gustó mucho, la verdad que me terminó dando mucha pena el elefantito, no sé si lo volvería a hacer.

En Siem Reap el calor sigue siendo agobiante. Te aplasta mal. Encima no entiendo porque la gente acá, y en Vietnam también, andan abrigadísimos. Con 50 grados se ponen campera, bufanda y guantes! No lo podemos creer.  Después de estar ocho horas a pleno rayo de sol recorriendo los templos, subiendo y bajando escaleras, no dábamos más. El último templo lo vimos directamente desde arriba del tuk tuk. Ya no teníamos ni fuerzas para bajarnos. Así que nos volvimos al hotel a dormir una siestita con aire acondicionado.




El segundo día seguimos con la recorrida de los templos (más pequeños esta vez pero igualmente bellos), pero no desde tan temprano, porque la idea era ver el atardecer desde arriba de una colina. Muy lindo, lástima que todos los turistas que estaban en el Angkor tuvieron la misma idea. Después ya volvimos para cenar y para preparar las cosas para volver a Bangkok.

La comida en Camboya es riquísima. Encontramos un lugar muy barato, con comidas típicas alucinantes. Probé un pollo con vegetales y castañas de cajú y una sopa de curry con pollo, vegetales y leche de coco, que venía adentro de un coco (Amok). Exquisitos. La verdad que en todos los lugares que recorrimos comimos riquísimo. Las comidas de acá son muy sabrosas, me encantó la gastronomía asiática. Lo que casi no tienen son postres y cosas dulces (por suerte!).

No deja de darme un poco de tristeza el pueblo camboyano. Los chicos vendiendo, las condiciones laborales de explotación a las que están sometidos… En los hoteles uno ve a todos los que trabajan durmiendo en la recepción. El conductor del tuk tuk que nos llevó a recorrer los templos nos contaba que él trabajaba las 24 hs. en el hotel por un salario de 60 USD por mes. Había días que casi no dormía. Su familia vive lejos, con lo cual sólo viaja a su casa cada tanto para verlos. Me daban ganas de llorar. Y creo que la realidad de muchos camboyanos debe ser así. Y por otro lado, son sumamente inteligentes y cultos. 

Todos hablan inglés, la mayoría muy bien, y también muchos entienden y dicen algunas cosas en español y otros idiomas. Tal vez la necesidad desarrolla el talento, y el turismo hace que desarrollen esa capacidad. Pero no deja de sorprenderme. En el Angkor, una nena que tendría no más de cinco años nos vino a vender postales y las contaba en todos los idiomas. También nenes chiquitos, cuando les decíamos que éramos de Argentina, en seguida nos saludaban en español (y acto seguido nos pedían plata).

Creo que lo que más escuchamos en Siem Reap fue “tuk tuk madame” y “one dolaaaar madame, five for one dolaaaaar”. Por minuto se debe escuchar eso unas 100 veces. Pero bueno, no deja de ser parte de la realidad de este país, y sobre todo de una ciudad como Siem Reap, donde su único ingreso debe provenir de la actividad turística.

Así y todo, Camboya me encantó. Con sus bellezas y sus tristes realidades. Y más allá de la belleza del país, de los templos y las ciudades, es otra vez la gente la que pone el broche de oro. Los camboyanos son alucinantes.



Recomendaciones


  • Contratar un tuk tuk para recorrer los templos. Los conductores saben bien donde llevarte, el tiempo que uno demora en recorrer, todo. Y otra vez, las propinas son muy agradecidas, y por lo general merecidas también.
  • La visita obligada desde Siem Reap son los Templos de Angkor. Un día es poco para recorrerlos. Creo que lo mínimo son dos días, para poder disfrutarlo bien.
  • La gastronomía en Siem Reap es alucinante y muy barata. Recomiendo probar Amok, pollo con castañas, y otros platos camboyanos. El centro está lleno de bares y restaurantes. Al igual que Phnom Penh tienen happy hours.
  • Hotel The King Angkor Villa en Siem Reap. Dirección: 251 Samdech Tep Vong st. www.thekingangkorvilla.com. El hotel está buenísimo. Ubicado en el centro de Siem Reap. Las habitaciones son muy lindas y tiene aire acondicionado, tele y heladera. Sirven desayuno. Se puede contratar ahí mismo un tuk tuk para la recorrida de los templos, y también venden pasajes en micro a otros destinos.

Camboya parte I: Phnom Penh y sus sonrisas





El viaje a Camboya fue bastante largo. Hay que aprender que cuando te dicen un horario, hay que agregarle un par de horitas más. Así, el viaje de tres horas a Phnom Penh, capital de Camboya, terminó siendo de unas siete horitas. A las seis de la mañana nos despertaron, y después de llevarnos a conocer un “fish market”, y una comunidad del delta del Mekong, nos embarcaron dos horitas y monedas hasta la frontera entre Vietnam y Camboya. Y después de una larga espera para el trámite de la visa, nos volvieron a embarcar unas cuatro horitas más hasta llegar a la capital de Camboya. Y debo decir que las condiciones en las que viajamos en el segundo tramo no eran de lo mejorcito, pero bueno, no hay mucha opción. 

Alrededor de las cinco de la tarde ya estábamos instalados. Lo primero que hicimos fue mandar a lavar ropa, porque ya no daba para más.

La primera impresión de Phnom Penh fue buenísima. 



La  verdad que no tenía muchas expectativas en relación a esta ciudad. Me la imaginaba bastante precaria y sin mucho encanto, pero sinceramente es todo lo contrario. Si bien se percibe que es una ciudad pobre, tiene mucha movida, muchos barcitos, una costanera muy linda, pagodas imponentes… Nos impresionó para bien.

Y la gente, otra vez, una hermosura. Las sonrisas del sudeste asiático son impagables, de verdad. La gente tiene una energía, una amabilidad y una alegría que te conmueven. Y con todo lo que tuvieron que pasar es aún más admirable.


Mi Rolando Rivas versión tuk tuk
El único día completo que tuvimos en Phnom Penh lo aprovechamos a más no poder. Tempranito contratamos un tuk tuk que es una moto con un carrito atrás (la calle está llena de estos carritos, es uno de los principales medios de transporte, sobre todo para el turista), y durante todo el día nuestro “tuk tuk driver” nos llevó a distintos lugares que queríamos conocer.





Empezamos con los Campos de la Muerte de Choueng Ek, el Museo del Genocidio Tuol Sleng, ex prisión S. 21. Terribles. Realmente me impactaron duramente ambos lugares. Para los que no saben, en 1975 el partido de los Jemeres Rojos liderado por Pol Pot, luego de una revolución, asumen el poder del país instaurando el régimen de Kampuchea Democrática. Pol Pot era un comunista radical y pretendió volver a los orígenes del pueblo camboyano, a una etnia pura campesina. 

Para ello realizó una tarea de exterminio de todos aquellos que pudieran tener algún vestigio de modernidad. Mató profesores, estudiantes, profesionales, campesinos, mujeres, niños, de todo. Los mató de las maneras más crueles que uno pueda imaginar. Decía que no valía la pena ni gastar balas en esa gente. Torturo y mandó a hacer trabajos forzados al campo a toda la población. Los que no eran torturados o asesinados, morían de hambre o por enfermedades. De una población de 8 millones de camboyanos, murieron 3 millones. Fue terrible.

Y lo peor es que el mundo de alguna manera permitía que eso sucediera. Los Jemeres Rojos tenían hasta un lugar en la ONU. Luego, el 1979, Vietnam invade Camboya y permite la instauración de otro gobierno, y así se termina el régimen de los Jemeres Rojos. Pol Pot y sus aliados se refugian en la frontera con Tailandia. Pol Pot es juzgado y sentenciado con PRISIÓN DOMICILIARIA, y muere a los 82 años rodeado de sus seres queridos (la historia se repite en muchos lugares, no?). Eso es a grandes rasgos lo que sucedió.


En la prisión de Tuol Sleng, que antes había sido una escuela,  es donde detenían a los camboyanos. Ahí eran torturados de las peores formas que uno se pueda imaginar, y después eran llevados al campo de exterminio de Choueng Ek o a otros (había más de 300 campos de exterminio), donde seguían las torturas y vejaciones, y finalmente los asesinaban. Los testimonios y fotos de ambos lugares son terriblemente crudas. En un momento no aguanté más y tuve que salir. La verdad que este pueblo vivió un infierno. 

Y uno los ve ahora, con sus sonrisas enormes, que encima son más llamativas porque contrastan con sus pieles rojizas, y no se puede entender de donde sacan la fortaleza y la alegría. Toda una generación de camboyanos fue eliminada.





Seguimos el recorrido en tuk tuk por el Palacio Real y la Pagoda de Plata. Muy lindo. Igual creo que el sofocante calor nos impidió disfrutarlo enteramente. Lo único que queríamos era un poco de respiro, y en ese predio te daba el sol a pleno (además que teníamos que vestir con decoro, o sea, pantalón largo y remera, lo que agravaba aún más la situación). Del palacio nuestro tuk tuk nos llevó al mercado principal de la ciudad. Después ya a pie visitamos el Night Market.

Phnom Penh me encantó. Aunque también se ve mucha pobreza y precariedad, y muchas más personas mendigando o vendiendo en la calle que lo que vimos en los otros lugares que visitamos. También muchos niños pidiendo.  Así y todo Phnom Penh resulta una ciudad amigable y bonita. Y creo que una parada ineludible para conocer la historia de este pueblo.



Recomendaciones


  • Si uno contrata un tour desde Vietnam para llegar a Camboya, lo mejor es que el trámite de la visa lo haga el guía. No vale la pena discutir con él, uno está en desventaja porque no maneja el idioma, ni sabe donde está parado (ellos manejan los transportes). Cobran 5 USD de más aproximadamente.
  • Si se tiene la posibilidad de leer un poco sobre la historia de Camboya antes de viajar, es recomendable.
  • En Phnom Penh son de visita obligada el Centro de Exterminio de Choueng Ek y el Museo del Genocidio Tuol Sleng. Imprescindible conocerlos para adentrarse en la terrible historia del pueblo camboyano.
  • Contratar un tuk tuk por un día para recorrer los sitios más importantes de la ciudad. Es económico y una manera rápida de movilizarse, sobre todo si se cuenta con poco tiempo. Además algunas distancias son bastante largas, y el calor es agobiante. Las propinas siempre son más que agradecidas, los camboyanos ganan muy poco dinero y trabajan más de la cuenta.
  • Para comer y beber cualquiera de los bares que están en la costanera valen la pena. Además todas las tardes hay happy hour de cervezas y tragos.
  • Hometown Hotel en Phnom Penh. Dirección: 35 st. 172, Sangkat Chey Chum Nas, Khan Daun Penh. www.home-town-hotel.com. El hotel está ubicado en el centro de la ciudad. Las habitaciones son grandes, tienen aire acondicionado y heladera. Las camas que nos tocaron eran un poco incómodas, pero estaban bien igual. No tiene desayuno.

Vietnam: Ho Chi Minh City y Delta del Mekong





Llegamos a Ho Chi Minh a media mañana después de un vuelo de casi dos horas (creo que esa última semana estuve más tiempo en el aire que en tierra firme). El avión estaba lleno de vietnamitas ruidosos, así que no pudimos descansar mucho. En un momento cerramos los ojos pero nos despertó el flash de una cámara de fotos. Un vietnamita se había parado para sacarnos una foto a nosotros tres. Evidentemente para ellos también somos una realidad digna de fotografiar. Los niños nos saludan por la calle, nos miran con caras de extrañeza, es muy gracioso. 

Ho Chi Minh, o Saigón como le gusta llamarla a la gente de acá (que es el nombre anterior a la victoria del comunismo en Vietnam, cuando Saigón era la capital de Vietnam del sur), es una ciudad totalmente occidentalizada y cosmopolita. 


Es muy diferente a Hanoi. Para mi gusto le falta el encanto de la rareza que tiene el norte. También se nota mucho la diferencia de las ciudades en relación a su historia política: Hanoi emana comunismo por todos lados, en cambio Ho Chi Minh es sumamente capitalista, con oferta de negocios, shoppings, Louis Vouitton, Starbucks y Burger King. De hecho me sorprendí cuando un nene nos vino a pedir plata, cosa que en Hanoi no habíamos visto. 

Además la gente se viste diferente, con brillos y cosas ridículas que si se lo viéramos a alguien en Buenos Aires lo mandaríamos al loquero. Un outfit a la moda en los parámetros vietnamitas sería: Sandalias de 10 cm de taco rojas con moños amarillos, y como son sandalias, van con medias (si si, acá se usa sandalias con medias). Eso se puede acompañar de un pantalón pescador de flores verdes, y una remera de Kitty. Para rematarla, un saco de lana (con los 45 grados de temperatura que hace acá), guantes, y barbijo de tela con algún estampado estrambótico. Ah, y el casco de la moto. Obvio que ellos deben pensar exactamente lo mismo de nosotros, por algo nos sacan fotos.

Nuestro hotel está ubicado en el centro, en una zona con mucha movida de turismo (acá también se ven muchísimos turistas, no tanto como en Bangkok, pero muchísimos más que en Hanoi). Cerca del mediodía nos instalamos, y salimos a recorrer la ciudad. Primero fuimos al Palacio de la Reunificación, que es el antiguo palacio de gobierno. Muy setentoso. 

De ahí fuimos al Museo de la Guerra. Sinceramente me conmovió mucho ese museo. Si bien he leído sobre la guerra de Vietnam, ver en el propio país lo que fue esa masacre, y el sufrimiento de ese pueblo es muy duro. Y el museo muestra la realidad de la manera más cruda, con fotos y testimonios que te hacen llorar. Salí de ahí muy conmovida. Una de las cosas que más me llamó la atención es que en muchas fotos de la guerra, los vietnamitas aparecen sonriendo. Y eso es algo que ya había observado en la gente de acá, siempre están con una sonrisa, si los mirás te devuelven también una sonrisa. Es terrible lo que tuvieron que sufrir.

Del museo nos fuimos caminando para la parte más céntrica y exclusiva, como si fuera nuestra Recoleta. El barrio estaba lleno de gente por los festejos de año nuevo. Miles, y miles de vietnamitas caminando por las calles y veredas, todos emperifollados  y en familia o en grupos de amigos. No puedo describir la cantidad de gente que había. Realmente son muchos los orientales! Y a eso se le sumaron las nunca tan bien ponderadas motitos. Si en Hanoi era una odisea cruzar la calle, acá se tornó directamente imposible. Millones de motos con tres o cuatro personas arriba, a toda velocidad, por todas las calles, una moto al lado de la otra, sin ni siquiera un espacio para asomar un pie a la calle. Terribles embotellamientos de motos en todas las esquinas. Algo indescriptible con palabras. Motos hasta en las veredas. Realmente nunca vi, ni me imaginé que algo así pudiera existir. Y encima los locales nos comentaban que la ciudad estaba tranquila por el feriado de año nuevo, que normalmente hay más movimiento. No me entra en la cabeza! 

Después de la caminata y unas cervecitas en el medio, nos volvimos al hotel totalmente estresados de tener que cruzar la calle.

Al día siguiente hicimos una excursión a Cu Chi, donde están los famosos túneles que utilizaba el Viet Cong para esconderse del ejército Americano. Fue una excursión muy interesante. Estaba repleto de turistas, pero bueno, nosotros también somos turistas así que nos la tenemos que aguantar. 

Después de la excursión nos volvimos para el lado del hotel. Como acá año nuevo se festeja durante varios días y la ciudad no tiene el movimiento habitual, la mayoría de los comercios y mercados están cerrados. Igual volvería a elegir pasar el año nuevo acá, creo que fue una de las cosas que más disfruté de mi paso por este país.

La comunicación se torna bastante dificultosa en Vietnam, aunque eso no deja de ser gracioso en algún punto. No son muchos los que hablan inglés, y con los que lo hacen a veces también es  muy difícil comunicarse. Creo que de ahora en más nadie me va a poder ganar en el “dígalo con mímica”. Una cosa muy graciosa que nos pasó es que uno de los recepcionistas del hotel no hablaba ni una palabra de inglés, entonces cada vez que había que pedirle algo, ofrecía amablemente la silla de su escritorio, abría el google translator en la PC, y se empezaba una especie de chat con él. Muy divertido, sobre todo cuando el google traducía cualquier cosa!

Es llamativa la habilidad que tiene esta gente para hacer todo arriba de una moto, más allá de la habilidad para manejar con cualquier cosa arriba (cuatro personas, un chancho, una escalera de 2 metros, un árbol… hasta vimos uno que iba leyendo). Incluso hay puestos de comida con cocina y garrafa (que se utilizan y trasladan arriba de la moto). De hecho hasta duermen siestas acostados sobre sus motitos.




Nos despedimos de Ho Chi Minh y nos dirigimos en excursión al delta del Mekong. Paseamos en barco por el delta, conocimos algunas localidades, una fábrica de productos elaborados con arroz, e hicimos un paseo en bote con los aldeanos. Muy bonito todo. El delta, o por lo menos lo que uno observa desde el bote, es una zona muy precaria, y contradictoriamente una de las principales fuentes de producción del país. Pero la gente siempre está sonriendo, obvio.

Después del recorrido nos fuimos para otra localidad, Chau Doc, a pasar la noche.

En la parte sur de Vietnam hace mucho calor. Mucho. Ahora entiendo al personaje de “El último encuentro” cuando hablaba del calor del trópico… De a ratos se hace insoportable. Pero los vietnamitas con sus hermosas sonrisas hacen que todo se sienta bien. La verdad que si hay algo que me llevo de este país es su gente. Para que se den una idea, la última noche que estuvimos en Hanoi fuimos a cenar por segunda vez al mismo lugar. Y cuando nos fuimos, el mozo que nos había atendido maravillosamente, nos preguntó si podía darnos un abrazo. Sin palabras.



Recomendaciones

  • Nhat Thao Guesthouse en Ho Chi Minh. Dirección: 35 Bui Vien. Buscarlo en booking.com. Es un hotel muy lindo, con una ubicación excelente. El personal es muy amable y sirven desayuno. Tiene heladera y aire acondicionado.
  • Kim Travel. http://www.kimtravel.com. Contratamos con ellos el viaje al Delta del Mekong con destino final Phnom Penh (Camboya). Estuvo bien. Los viajes terminaron siendo un poco más largos de lo que nos decían, pero parece que eso es normal.
  • En general, en los hoteles de Vietnam te piden el pasaporte. Algunos aceptan fotocopias (así que recomiendo llevar), y otros no. No hay opción, hay que dejárselos hasta que finaliza la estadía.
  • Hay una advertencia generalizada sobre la posibilidad de arrebatos (cámaras, carteras) en Ho Chi Minh, así que hay que andar con cuidado.
  • Las visitas obligatorias son al Museo de la Guerra y a Cu Chi. Tener en cuenta que los museos en general cierran temprano por la tarde (alrededor de las 16 hs.). Y por más que uno ya esté adentro, te apagan la luz.
  • Otra vez, disfrutar de la gastronomía (spring rolls, noodles y arroz en todas sus variedades, pho, entre otras cosas).


Vietnam: El caótico encanto de Hanoi y Ha Long Bay


Hanoi
Nuestro vuelo para Hanoi partió a las 7 de la mañana, así que a las 4 ya estábamos rumbo al aeropuerto. Y a las 9 de  la mañana ya estábamos arribando a Hanoi. Primera impresión: caos absoluto. Segunda impresión: más y más caos. Hanoi es algo extraordinariamente raro y caótico, pero con un caos que evidentemente todos los locales entienden. Si cruzar la calle en Bangkok era una travesía, Hanoi lo supera y con creces. No hay reglas, no hay semáforos, no hay mano y contramano, y lo peor de todo es que el 90% de los vehículos son motos. Miles y miles de motos que no frenan nunca, sólo te van esquivando mientras cruzas. Es muy loco, de repente ves cien motos que se dirigen hacia a vos, y que nunca van a frenar, y vos tenés que mandarte como si no existieran, sin arrepentirte, manteniendo el mismo paso para que ellas te vayan esquivando. Creo que acá el cansancio no lo medimos por kilómetros recorridos sino por cantidad de calles cruzadas.





Así y todo Hanoi me fascina, es todavía más interesante a mi gusto que Bangkok, en cuanto a diferencias culturales. Obviamente al estar pegada a China tiene todas las similitudes de esa cultura. La decoración de las calles llenas de colores y cosas bizarras (según nuestros parámetros occidentales). De a ratos parece una ciudad de animé. Puestos de comida por todos lados, negocios, negocios y más negocios. Por suerte para mi fiebre consumista acá lo que se vende más que nada son cosas truchas de marcas conocidas. Nada de artesanías ancestrales ni trajes típicos.


La vida de la gente transcurre en las veredas. Ahí comen, cocinan, compran, conversan.  La ciudad en sí es precaria y desordenada, y con un ritmo vertiginoso. Las construcciones son tan caóticas como el resto de la ciudad. Se ven edificios de los más distintos uno al lado de otro, o encimados, tapándose los balcones, como si cada uno construyera donde quiere. Hanoi es  la ciudad más ruidosa que conocí en mi vida. Las motos y autos tocan las bocinas como un acto reflejo, permanentemente, y eso se mezcla con el ruido de la cantidad de gente que circula por la calle, y la música que sale de los puestos y negocios.

Apenas llegamos a la ciudad, dejamos las cosas en el hotel, que estaba muy bueno, y nos fuimos para el lado del lago que está en el casco histórico de la ciudad. Recorrimos el lago Hoan Kiem y ferias adyacentes, incluido un museo o templo de no sé bien que, que queda en el medio del lago cruzando un puentecito rojo muy pintoresco. 

Después almorzamos, y comí la famosa sopa (Pho), que a mi parecer no es más que una sopa con fideos de arroz y carne, con un caldito sabroso, pero nada del otro mundo. Después del almuerzo nos fuimos a ver una de las grandes atracciones de la ciudad: un espectáculo de marionetas en un teatro. Algo muy bizarro realmente. Eran unos muñequitos que iban contando la historia de Vietnam  con música oriental de fondo, lo que hizo que a la mitad del espectáculo me empezara a quedar dormida, así que no sé muy bien como terminó.  Después de ahí seguimos caminando, caminando, y sobreviviendo a las motos asesinas, hasta volver al hotel.

Los vietnamitas me resultan muy simpáticos. Me caen super bien. Y además tenemos la facilidad de morirnos de risa cuando les preguntamos los nombres o tratamos de comunicarnos por alguna cuestión, porque como no entendemos lo que nos dicen, enseguida lo asociamos con otra cosa. Comunicarse en Hanoi es muy difícil. Nada de inglés. Sólo manos y ruidos onomatopéyicos.





A la noche salimos a cenar por las calles cercanas al hotel. Comimos en un lugar donde se podía encontrar cualquier cosa en la carta (pollo y cerdo, pero también pajaritos, rana, y hasta perro). Cómo la comunicación con la gente del lugar era prácticamente imposible, ni siquiera en lenguaje de señas nos entendían, ante mi temor de que me sirviera perro, pedí unos spring rolls (arrolladitos primavera) vegetarianos que estaban buenísimos. 

La oferta gastronómica en Vietnam es impresionante. La gente come todo el tiempo, pero no cualquier tentempié, sino comidas elaboradas. Y abundan los puestos, carros de comida y restaurantes por todas las calles. La gente se sienta en la vereda con unas sillas de plástico miniatura y se ponen a comer sus pho. Incluso creo que algunos sólo se cocinan para ellos, no para vender, y se reúnen a comer en la vereda en sus sillas, que como mucho miden 15 cm. de alto.

Después de cenar, ya alrededor de las diez y pico de la noche caminamos unas cuadras por la zona. El movimiento de gente era  el mismo que a las tres de la tarde. No sé si será porque justo estamos en los días de la festividad Tet, el año nuevo en Vietnam, y se produce una especie de “la noche de los shoppings”. La cuestión es que a esa hora de la noche los puestos en la calle seguían abiertos y la gente seguía comprando y comprando. Hasta los puestos de comida funcionaban. Realmente da la impresión que esta ciudad no para.

Hanoi no pareciera ser una ciudad tan turística como por ejemplo Bangkok, donde se puede ver gente extranjera por todos lados y casi todos hablan inglés. Acá es diferente. No se ven tantos turistas circulando (tal vez se quedan agazapados en el hotel por temor a que los mate una moto, no lo sé, pero no se ven). Y la gente local no está tan al servicio del turista. De hecho es difícil comunicarse, no todos hablan inglés, y nosotros menos que menos vietnamita.

Después de cenar nos volvimos al hotel. Y acá les quiero contar algo que nos pasó que fue tragicómico. Cuando volvimos al hotel después del paseo de todo el día, además del ruido de la ciudad se escuchaba una música permanente, un sonido muy extraño y estridente, como si fuese música oriental tocada con una gaita (que después vimos que era una flauta larga) desafinada y a todo volumen. Nosotros estábamos en el cuarto piso del hotel y parecía que la música la estaban tocando en el balcón. Nunca paró de sonar. Pensamos que tal vez venía de una especie de pub irlandés que había frente al hotel. Cuando salimos a cenar fuimos a ver de donde venía la música y resultó que al lado del hotel había un velatorio, y la música venía de ahí. A media noche, y gracias a Dios, pararon de tocar. Ya nos estaba quemando la cabeza.

El tema es que a eso de las 6 de la mañana, OTRA VEZ EMPEZÓ A SONAR LA MALDITA PSEUDO GAITA. Nos despertamos los tres porque no lo podíamos creer! Cuando bajamos a desayunar preguntamos cuanto duran los velorios en Vietnam, y para nuestra desgracia la respuesta fue tres días!!! Por suerte nos fuimos a pasar una noche a la Bahía de Ha Long!

Así que después del desayuno nos pasaron a buscar para nuestra tan esperada excursión a Ha Long Bay.

Ha Long Bay
Llegamos a la bahía al medio día. Nos subimos al barquito que estaba muy lindo, hicimos el check in en nuestro camarote, muy lindo también, y nos sirvieron el almuerzo. Bien al estilo vietnamita, miles de platos, algunos ricos y otros no tanto, pero para mi suerte casi todos con pescado y frutos de mar. Mientras almorzábamos ya nos íbamos adentrando en la bahía. Ha Long Bay es un conjunto de islas e islotes, miles, enormes rocas que salen del mar. Fue declarada patrimonio natural de la humanidad por la UNESCO. 


La verdad que es un paisaje impactante, muy pero muy bello. Según los vietnamitas, hay una leyenda que dice que cuando Vietnam se estaba independizando de China, los chinos quisieron atacar a los vietnamitas por el mar. Y desde el cielo bajó un dragón que escupió un montón de perlas que formaron las islas que componen la bahía. Así que cuando los chinos iban llegando a la costa, se chocaron contra todas las rocas, y no pudieron invadir Vietnam. Hermosa leyenda.





La primera actividad que hicimos en la bahía, un rato después de almorzar, fue conocer una cueva que hay dentro de uno de los islotes que se llama The Amazing Cave (la cueva asombrosa). Y realmente lo es. Es una cueva enorme con formaciones en las rocas producto de la erosión del agua. Difícil de describir con palabras la belleza de ese lugar. 


De ahí nos llevaron a una playa que según entendimos se llama “Tito” (o Thii T´o). No nos metimos al agua porque la verdad que estaba bastante fresco, pero subimos hasta la punta de la roca donde hay un mirador con una vista increíble de la bahía. Después de la playita nos preparamos unos mates para tomar en la terraza del barco, y a las seis y media ya nos dieron la cena. Otra vez con mucho bicho de mar. A las ocho ya no quedaba nadie, así que nos fuimos a contemplar la noche otra vez a la terraza. Es un lugar maravilloso. Y ya el clima se empezaba a perfilar más fresquito… Hanoi  y la Bahía de Ha Long están ubicados más al norte, por lo tanto el invierno es invierno, no como en el resto del SEA que siempre hace calor.

Nos levantamos a la mañana siguiente con la vista a la bahía de Ha Long. Impagable. A las siete de la mañana servían el desayuno, así que tuvimos que madrugar un poco. Cuando salimos para el comedor sentimos el frío matinal de la bahía. Por suerte nos fuimos preparados. Hasta el medio día que desembarcamos estuvimos navegando por la bahía y contemplando el paisaje. 

Volvimos a Hanoi alrededor de las cinco de la tarde, y ya se veían los últimos preparativos para el festejo del Año Nuevo Lunar. De hecho ya los veníamos observando: carteles de año nuevo por todas las calles, adornos dorados y de colores fuertes por todos lados, árboles de una fruta que es como una mandarina en todas las casas, que sería el equivalente del  árbol de navidad, gente transportando esos árboles de un lado para el otro (en moto, obvio), y muchas otras cosas. Mucho movimiento festivo.

Pasar el Año Nuevo Lunar en Hanoi fue una experiencia extraordinaria. Estoy feliz de haber podido vivirla, porque creo que son esas cosas únicas en la vida. Salimos a cenar muy temprano a uno de los pocos lugares que quedaban abiertos, un lugar muy lindo, con una atención alucinante. Después nos volvimos para hotel para bañarnos, ya que nos habían avisado que a media noche había un espectáculo de fuegos artificiales para recibir el año. Llegamos al hotel y no había nadie en la recepción. Nos abrieron la puerta de la cocina y estaban los recepcionistas sacrificando un pollo! Al principio me dio mucha impresión, pero después nos explicaron que es parte de la tradición del nuevo año. En la calle, en todas las puertas de todas las casas, había montado un pequeño altar con el pollo sacrificado (ya hervido pero con su cabeza y la forma de pollo), y otros objetos como arroz, fuego, figuras orientales, etc. 

Del hotel ya nos fuimos hacia el lago, para ver el espectáculo. Era un mundo de gente y de motos. Todos con ánimo festivo, todos alegres. El espectáculo fue bellísimo, de hecho nunca vi unos fuegos artificiales tan hermosos. La gente gritaba, aplaudía, y a nosotros no se nos borraba la sonrisa de la cara. Ya terminado el show, camino al hotel, la gente nos regalaba bolsitas con sal para la abundancia, y amuletos para la buena suerte para el nuevo año. En las calles la gente hacía unos fogones en la vereda (según lo que pudimos entender, para que “algo” se elevara al cielo con el humo), y tiraba arroz desde los balcones. 

Llegamos al hotel y al fondo había una mesa grande, con la gente del hotel, gente local y algunos turistas, festejando el comienzo del año. Muy amablemente nos invitaron a sentarnos a la mesa, nos sirvieron comida, nos invitaron vino, cervezas y frutas. Uno de los anfitriones era un vietnamita radicado en EE.UU. que había sido ex combatiente de la guerra de Vietnam. Un señor muy simpático, que contaba anécdotas y chistes. Fue una noche inolvidable.




El último día en Hanoi fue alucinante. Resulta ser uno de mis amigos con los cuales viajé tenía una conocida que estudió en Europa con un vietnamita, Tuang, con el cual tomamos contacto por mail antes de viajar. A la mañana Tuang nos llamó al hotel y nos invitó al almuerzo de comienzo de año en su casa. Así que nos pasó a buscar en un taxi y nos fuimos con él. El almuerzo estuvo exquisito. Nos sentamos en el piso, como es tradición, y sirvieron como diez platos diferentes de comida vietnamita, una mejor que la otra. Estaba Tuang junto a toda su familia, incluido su padre que nos contó que había combatido contra el régimen de Pol Pot en Camboya. Fue una experiencia increíble participar del almuerzo de comienzo de año con una familia vietnamita. Nos trataron espectacularmente bien.


Después del almuerzo, el paseo siguió por unas cuantas pagodas, y por el mausoleo de Ho Chi Minh, al cual no pudimos entrar por ser feriado, así que nos conformamos con verlo por afuera. Nos perdimos a Ho Chi Minh embalsamado. 

Después fuimos a conocer unos lagos que quedaban cerca del mausoleo, una especie de rosedal vietnamita, y nos volvimos caminando hasta el hotel, que ya a esa altura estaba bastante lejos. De camino conocimos la Catedral de Notre Dame de Hanoi, que viene a ser como una réplica de la original, con luces de neón y toques orientales. Después a cenar y de vuelta al hotel para preparar los bolsos. A la mañana partimos para Ho Chi Minh.


Sinceramente debo decir que más allá de la fascinación por Hanoi, lo que más disfruté fue a los vietnamitas de esta ciudad. Me sentí muy bien con ellos. Siempre nos trataron maravillosamente, siempre amables, siempre con una sonrisa. Tuang nos decía que después de lo que vivió este pueblo, lo único que quieren es estar en paz. Debe ser así, y se nota en el trato con el otro.




Recomendaciones

  • Hotel Marriotte en Hanoi. Dirección: 49 Luong Ngoc Quyen, Hoan Kiem. Buscarlo en booking.com. Fue uno de los hoteles más lindos en los que estuvimos en el SEA. La ubicación es céntrica. Las habitaciones son ENORMES. Tienen aire acondicionado, heladera y televisión. Sirven desayuno. Pero lo que realmente lo destaca es la calidez del personal.
  • Restaurante Gecko. Dirección: 66 Hang Trong, Old Quarter. Es un lugar muy lindo, cerca del lago. Sirven platos vietnamitas e internacionales. La comida es muy rica, y los precios económicos. Y lo que destaca al lugar es, otra vez, la calidez del personal.
  • Viet Long Travel. http://vietlongtravel.com/. En esta agencia contratamos el tour a Ha Long Bay, el cual estuvo muy bueno. Cumplieron con todo. Muy buena relación precio - calidad.
  • Recorrer la ciudad caminando, y no amedrentarse con las motos. Para cruzar hay que comenzar a caminar, aunque uno vea que las motos no paran. Mantener el mismo paso sin retroceder ni parar, que ellas mismas se encargan de esquivarlo a uno,
  • Interactuar con la gente, como se pueda, aunque sea con una sonrisa.
  • Probar los platos típicos. Son exquisitos.

La agobiante Bangkok (con escala en Londres)



La odisea del viaje empezó un sábado al mediodía, con destino final el lunes a la tarde. Casi 40 horas de viaje y 10 de jet lag. Igual se ve que uno ya se va mentalizando, porque no se hizo tan interminable (aunque en un momento lo único que quería era llegar a algún lugar donde poder poner mis piernas en alto). El primer vuelo se hizo largo, más que nada porque sólo habremos dormido 3 horas. Y con esas 3 horas de sueño y otros 3 grados de temperatura, empezamos nuestro recorrido por Londres, en las 15 horas que teníamos de escala entre un vuelo y otro.

Llegamos a Londres a las 8 de la mañana aproximadamente, y enseguida nos tomamos el tube (metro) hasta la estación de Picadilly Circus, que sería como la zona más céntrica de la ciudad. Obviamente un domingo a las 8 de la mañana sólo estábamos nosotros tres emocionados, sacando fotos y literalmente congelándonos. 





Empezamos a caminar por esa zona, pasamos por el barrio chino, y decidimos adentrarnos en algún museo para recobrar la temperatura corporal. Y como lo que nos quedaba más a mano era el famoso British Museum, hacia allí nos dirigimos. El museo la verdad que está buenísimo, aunque a uno como tercer mundo y ex colonia no deja de generarle algún resquemor la cantidad de tesoros de todas las civilizaciones del mundo que ahora posee el estado británico con la excusa de la preservación. En fin. No deja de ser impresionante el valor histórico de los objetos griegos, egipcios, mayas, africanos, orientales, etc. que se ven en ese museo.

Del British, y sin mucha movilidad por la cantidad de abrigo superpuesto que llevábamos, nos fuimos para un mercado que se llama Coven Garden. A esa hora del día ya había bastante más movimiento en Londres. Mucha gente paseando, almorzando y haciendo compras. Coven Garden es un mercado muy lindo donde se encuentra desde ropa de grandes marcas, hasta puestos de paella, pasando por artículos de perfumería, cuadros, en fin, lo que uno quiera. Había un espectáculo callejero que nos quedamos a mirar un ratito. 

De ahí seguimos caminando hasta llegar a otro lugar llamado Trafalgar Square, desde donde a lo lejos pudimos divisar el Big Ben (que lo dejamos para conocerlo bien a la vuelta). Y como habíamos sacado un pase diario de transporte el cual nos costó 9 Pounds, aprovechamos e hicimos algunos viajes en los famosos colectivos rojos de dos pisos. El primero fue hasta el barrio chino para almorzar algo lo más económico posible (dos platos de arroz, una sopa y un agua pequeña entre los tres). 

El segundo fue para ir a un barrio llamado Knightbridge, donde está la famosísima tienda Harrods. El edificio de esa tienda es realmente una belleza. Paseamos un rato por ahí, que la verdad que es increíble y económicamente inaccesible. Uno puede encontrar desde un vestido de Valentino, hasta una escultura de Dali, y un chocolate en rama artesanal.

Después de Harrods, y ya oscureciendo, nos refugiamos en un Mc Donalds a tomar un té y esperar la hora para volver al aeropuerto. A esa altura ya nos quedábamos dormidos parados.

La primera impresión en esas pocas horas que estuvimos en Londres es que es una ciudad alucinante. Es hermosa por donde se la mire. Y son esos lugares donde uno se siente a gusto (y eso que hacía mucho frío). Londres tiene belleza mezclada con un poco de “calle”, lo cual la hace una ciudad increíble. Y la verdad que me saco el sombrero por los londinenses. Son muy amables genuinamente, y muy educados. Siempre te responden todo muy cordialmente.

Del vuelo hacia Bangkok no puedo dar mucha información. Subí, cené y me desmayé hasta dos horas antes de llegar. Creo que ni siquiera cambié de posición.

Llegamos a Bangkok alrededor de las 16 horas. Quisimos hacer migraciones pero como somos sudacas-posibles-transmisores-de-enfermedades-epidémicas, enseguida nos mandaron a sanidad a chequear que tengamos todas las vacunas dadas. Y como las teníamos pudimos ingresar sin inconvenientes. Bah, casi. La barrera idiomática ya  se perfilaba como un potencial inconveniente! Ni en inglés se los entiende! Del aeropuerto rapidito nos tomamos un taxi y en una hora y monedas ya estábamos instalados en el Rambuttri House. El hotel estuvo muy bien por el precio que pagamos. Y la ubicación es de lo mejorcito, está en una calle llena de bares y restaurantes. De camino al hotel ya venía viendo los puestos y negocios llenos de cosas de las más variadas, incluyendo guisados y carnes calentándose al calor de los promedio 40 grados de temperatura (y eso que es la estación fresca…).

Lo que nos quedó de esa tarde y noche la dedicamos a pasear por las calles cercanas al hotel, que además son las que tienen más movida. Recorrimos Rambuttri y la famosa Kao Sanh. Un quilombo de gente, sonidos, olores, colores, Bangkok de noche es multi estimulante (y de día también, con el agravante del calor). Es increíble. Cenamos en un puesto en la calle con mesitas. La comida riquísma. De ahí nos fuimos a tomar unos tragos y terminamos la noche haciéndonos “foot massashhhh!” en una camilla en la calle. Eso es algo a destacar, uno camina y en todas las cuadras está lleno de puesto de masajes tailandeses express: parás, te acostás, te masajean y te vas. Así de simple. Y la verdad que después de tanto viaje, a nosotros nos vino más que bien…





El primer día en Bangkok nos enganchó despertándonos a las 12 del mediodía. Se ve que el jet lag tiene sus efectos. Pero de todas maneras lo aprovechamos muchísimo. Apenas salimos del hotel sentimos por primera vez el verdadero calor del trópico. Bangkok es un horno, el calor es agobiante, se respira aire caliente. 

Del hotel nos fuimos camino al Gran Palacio, uno de las atracciones de la ciudad. Manejarse no es tan sencillo, uno lo ve en el mapa y está todo bien, pero después la realidad es diferente. La ciudad es caótica. Ya de entrada vivimos nuestra primera experiencia cruzando la calle. Eso si que es una travesía! Las motos, tuk-tuk, taxis, bondis y otros rodados aparecen por todos lados, no se entiende bien. Lo único que hay que hacer es mirar al cielo, rezar un toque, y mandarse sin mirar mucho para ningún lado (y seguir rezando en lo posible mientras uno va cruzando). Es a todo o nada. Así y todo no vimos ningún peatón atropellado, increíble. 

El Gran Palacio es un lugar alucinante. Adentro también está el Templo del Buda Esmeralda. Es todo un complejo de edificios orientales majestuosos, dorados y con muchos adornos, llenos de estatuas e imágenes de buda. Realmente impactante. 

Del Gran Palacio fuimos camino a otro templo, el Wat Po (no sin antes comer un arrocito en el medio a las cuatro de la tarde). Ese templo también es bellísimo, del mismo estilo de construcción que el anterior. En el Wat Po está la famosa figura del buda acostado. Impresionante! Es una figura dorada de buda que mide como una cuadra de longitud y no sé cuántos metros de altura. Es indescriptible. Y el resto del templo también es bellísimo. Los templos son como complejos donde hay diferentes espacios cerrados y al aire libre, con monumentos, estatuas y, obviamente, millones de figuras de buda de todos los tamaños. 

Del Wat Po y ya anocheciendo, nos fuimos a darle un vistazo al río, desde donde se ve otro de los templos más importantes de Bangkok, el Wat Arun (el cual dejamos para otro día). De ahí fuimos caminando hasta oooooootro templo (si si, Bangkok es templo-templo-templo-moto-moto-templo-templo…), el Wat Sutat. Este se ve que nos es tan turístico, y justo pegamos una “misa” budista, así que nos sacamos nuestros zapatitos, y nos sentamos en el piso del templo con el resto de la gente para presenciar la ceremonia.

No deja de llamarme la atención lo caóticamente interesante que es esta ciudad. Nunca vi algo similar. La mezcla de olores que hay no puedo describirla con palabras, la cantidad de puestos de comidas, la oferta de cosas rarísimas que uno puede encontrar en la calle (desde hacerte una limpieza de cutis hasta comprar una sopa), el tráfico, la cantidad tailandeses que hay que esquivar para que no te hagan el cuento del tío (ya nos venimos preparados, sabemos que todo lo que te dicen es mentira). Es zarpado. Y a eso se le suma el agobiante calor… En algún momento del día uno desea volver al hotel en busca de un poco de tranquilidad. Así que eso hicimos. De paso nos pegamos un baño, y nos preparamos para disfrutar de la noche. 

A la noche fuimos otra vez a comer al puesto de la calle del que ya somos habitúes y después nos cruzamos a un bar donde había un tailandés cantando diversas canciones de diversas nacionalidades, entre ellas “NOSSA, NOSSA ASI VOCE ME MATA!”. Hasta en Tailandia suena! Y como le pusimos onda, el tailandés nos preguntó de donde éramos: ARGENTINA! Y claro, como para nosotros ellos son todos iguales, evidentemente para ellos también, así que nos dedicó exclusivamente una canción de Juanes, que es colombiano. Nos morimos de risa. Ni hablar de cómo pronunciaba “tengo la camisa negra”.







Mercado flotante
Al día siguiente, y con más calor que el anterior, nos levantamos temprano para hacer la famosa excursión al mercado flotante de Bangkok, que habíamos contratado el día anterior. A las 7 a.m. nos pasaron a buscar, y a las 9 a.m. ya estábamos en el mercado. Es una especie de tigre, lleno de botes con diversos productos que se comercializan de bote a bote. Muy pintoresco. 



Un poco después del mediodía, ya estábamos de vuelta en la ciudad. Y con un calor que te desmayaba nos fuimos a visitar el último templo importante que nos quedaba, el Wat Arun. Cruzamos el río en el vaporetto tailandés, y al toque estábamos en el templo. Muy hermoso, como todos los demás. Lo lindo era que por todos lados había monjes sentados en el piso con niños chiquitos, de escuela, a los cuales parecía que se les estaba enseñando algo, o contando una historia. Obviamente que no entendí nada. 

Del Angkor negociamos un taxi y nos fuimos para el otro lado de la ciudad, a la parte “moderna” a tomar un poco de aire acondicionado en uno de los shoppings más famosos, el MBK. 

Y ya atardeciendo nos animamos a tomarnos un colectivo, para probar el transporte público tailandés. No estuvo tan mal, sólo nos dejó a 20 cuadras del hotel en un lugar que no teníamos idea donde estábamos parados. Por suerte un italiano con buen sentido de la ubicación nos indicó el camino, porque si es por los tailandeses es imposible entenderles una palabra o indicación. Si uno se desconcentra cuando te hablan en inglés, tranquilamente se puede pensar que hablan en chino. No se les entiende nada, nada, nada de nada.

A la mañana siguiente ya nos tomamos nuestro vuelo para Hanoi.





Recomendaciones

  • Del aeropuerto de Bangkok Suvarnabhumi a Khao San road un taxi cuesta 450 Baht. A la salida del aeropuerto hay mostradores para contratar los taxis. Llevar la dirección escrita ya que la comunicación se torna dificultosa.
  • Hotel Rambuttri House en Bangkok. Dirección: 323 Rambuttri Road. http://www.rambuttri-house.com/. El hotel está muy bien. Las habitaciones son muy lindas y cuentan con aire acondicionado. La ubicación es excelente, si se quiere parar en la zona de más movimiento turístico. No sirven desayuno.
  • Barlamphu en Bangkok. Es uno de los tantos bares ubicados sobre la calle Rambuttri. Tiene música en vivo y un clima muy divertido.
  • Agencia de turismo Buddha View Bangkok. Queda frente al hotel Rambuttri House. http://www.justdiveit.com. Contratamos pasajes y tours y hasta taxis con ellos. Siempre nos ofrecieron buenos precios, y sobre todo cumplieron en todo.
  • Si uno opta por alojarse en Khao San road sepan que es realmente caótica, llena de ruido y gente permanentemente. 
  • Ojo con el "cuento del tío". Es probable que en la calle se acerquen personas locales preguntando acerca del lugar que uno quiere visitar. Cuando uno les responde, dicen que ese lugar está cerrado por algún motivo, y tal vez abre más tarde. Es mentira. Lo que pretenden es llevarlo a uno a otra atracción donde ellos tengan algún tipo de beneficio.
  • En Bangkok se visitan muchos templos y palacios, los cuales exigen vestir con decoro para ingresar. Así que llevar en la mochila un pantalón y una remera.
  • Si la idea del viaje es conocer otros países como Camboya o Vietnam, no desesperarse con las compras. Si bien Bangkok es barato, los otros países lo son aún más, sobre todo en indumentaria. Si se pretende compara tecnología, es recomendable en Bangkok.
  • Visitas imperdibles: Palacio Real, Wat Po y Wat Arun. También el mercado flotante resulta interesante.